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  Por Paloma Gil Cosío
paloma.gil@revista80dias.es
LA ÚLTIMA PEREGRINACIÓN

Conocer y disfrutar de Jerusalem es toda una experiencia, sin comparación con ninguna otra ciudad conocida, puesto que es un auténtico museo al aire libre en el que se combinan a la perfección pasado, presente y futuro, con todos los aspectos del Estado de Israel.

Conocer Jerusalem es una de las pocas experiencias que no le dejan a uno indiferente. Perderse entre las callejuelas de la Ciudad Vieja permite a cualquier visitante trazar su propio camino. Jerusalem es, en sí misma, muchas ciudades y uno puede recorrer calles estrechas, en las que se sitúan los mercados más variopintos y simpáticos que se puedan imaginar, comprando toda clase de productos, artesanías, objetos de madera o hierro, dulces, pitas o golosinas y antojos de cualquier clase y procedencia, junto a objetos piadosos, especias, incienso o las frutas típicas de la temporada, que proviene de los propios huertos de la ciudad y que esperan a ser vendidos al más hábil regateador de la plaza.

Camino de la Vía Dolorosa

Se pueden visitar todas las iglesias que alfombran la ciudad sean de la religión que sean, como si estuvieran abiertas a toso aquellos que aún tienen alfo que descubrir. Los santos lugares, a los que acuden miles de peregrinos cada año, escépticos buscadores de vestigios que confirmen o destruyan cualquier teoría, historiadores, profanos en el tema y aventureros de cualquier clase. Unos buscan vivir su fe de forma activa, otros razones para creer o dejar de hacerlo, otros buscan la belleza de un pasado grandioso, algunos quieren aprender una lección de arte de primera mano y otros simplemente quieren disfrutar de lugares cuyo encanto es incomparable a ningún otro.

Tumba de Absalón

Se pueden visitar museos llenos de Historia, arte y cultura, museos que dan testimonio de un pasado digno de ser admirado, pero también hay museos llenos de modernas expresiones del convulso siglo XX, porque en Jerusalem, pasado y futuro conviven de forma armónica con un presente dinámico que se empeña en poner de manifiesto las posibilidades de una tierra que, en tiempos, fue cuna de los grandes reyes. Su música, su arte, su alegría, se contagian en tanto que invitan al turista a participar de ellos, porque en Jerusalem, como en Madrid, nadie es extranjero.

"Jerusalem es la ciudad del encuentro de las culturas, las religiones y los hombres de todas las edades y todas las lenguas"

Jerusalem, la antigua capital de Judea, es como un pequeño microcosmos en el que se dan cita contrastes y contradicciones y en el que se puede ver pasear, por la misma calle, tipos humanos diversos y procedentes de todos los siglos y países del mundo. Ello es debido al hecho de que el Gobierno de Israel abriera sus puertas a todos los judíos que desearan establecerse en la ciudad. Y ello provocó una afluencia masiva desde cualquier rincón del globo y tiene como consecuencia el enriquecimiento de esa cultura, al convivir los makuyas japoneses con otros fieles de cuarenta y cinco confesiones cristianas diferentes y con musulmanes representantes de todos los ritos y orígenes geográficos del Islam. Por todo ello, Jerusalem es el destino perfecto no sólo para disfrutar junto a los amigos, sino para conocer a otros nuevos y vivir unas vacaciones inolvidables.

JERUSALEM, EL DISFRUTE DE LOS SENTIDOS
La personalidad de esta ciudad, única en el mundo, sorprende al turista refalándole todos los sentidos: la vista, al contemplar el aura dorada de la puesta de sol reflejada en cada edificio, los hombres y niños ataviados de negro con su característico tirabuzón a modo de patilla dirigiéndose hacia la sinagoga, el archiconocido muro de las lamentaciones... el oído, escuchando los repiques de las diferentes campanas entremezcladas con el sonido del almuecín llamando a sus fieles a la oración o las canciones populares que se cantan en plena calle una noche de Shabat; el gusto, deleitándose con cualquiera de los postres que se preparan en esta ciudad o comiendo el, cada vez más conocido, falafel; el olfato con ese aroma característico que tiene cada ciudad muy temprano, cuando el sol empieza a despertarse o ya tarde, cuando los jardines vuelven a estar frescos y la gene comienza a regresar a sus casas, el olor de sus calles, de las especias en los mercados o de las sinagogas y mezquitas con velas, aceites, inciensos...; el tacto, a través de cualquier edificio, monumento o pedazo de una historia que s siente tan viva en la actualidad como lo estuvo miles de años atrás. Jerusalem es una ciudad hecha para el disfrute de los sentidos y en la que, incluso el sentido del humor tiene cabida, ya que el carácter abierto de sus habitantes, que en realidad pertenecen al mundo entero, hace que uno no se sienta extranjero.

EL SÁBADO Y LAS FIESTAS

El día de descanso de Israel, el sábado o Shabat en hebreo, y todas las demás festividades judías, comienzan a la puesta del sol del día anterior y terminan a la noche del día festivo. Los bancos, los comercios y muchos restaurantes, cines, clubes nocturnos y discotecas permanecen cerrados durante esas horas. El transporte público cesa, pero es posible viajar en taxi. El calendario hebreo se basa en el año lunar, por lo tanto las festividades hebreas se celebran cada año en diferentes fechas gregorianas.

BASÍLICA DEL SANTO SEPULCRO

Situado sobre el monte Gólgota, se considera la última morada del cuerpo de Cristo. Fue construida por el emperador Constantino y reconstruida y ampliada posteriormente varias veces en el mismo emplazamiento. En su interior pueden encontrarse diferentes capillas: católica, griega ortodoxa, armenia, siria y copta.


EL JARDÍN DE LA TUMBA
Un jardín rocoso donde los peregrinos se detienen a meditar ya que, sobre todo, los protestantes, creen que éste fue el verdaderos lugar de la crucifixión, entierro y resurrección de Jesús. Y son varias las tesis que sostienen esta teoría:
  1. Gólgota y Calvario son palabras de origen arameo y latino respectivamente y ambas significan calavera. Y el Jardín de la Tumba se encuentra al pie de una colina que recuerda el perfil de una calavera.
  2. El Calvario estaba supuestamente fuera de la ciudad amurallada al igual que el Jardín de la Tumba.
  3. Los arqueólogos encontraron una sepultura típica del s. I en el lugar.
En realidad, las dos últimas consideraciones, según los expertos, también se cumplen en la Basílica del Santo Sepulcro. El lugar fue adquirido en 1984 por la comunidad Cristiana Británica. La Asociación del Jardín de la Tumba, con su sede central en Londres es la encargada del mantenimiento y administración del jardín.
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©80 Días, revista de turismo S. L.

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