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  Fernando Martín Martín
redaccion@revista80dias.es

La fiebre que ha despertado la película más controvertida de lo que llevamos de siglo XXI no sólo ha provocado una afluencia masiva a los cines. La ciudad italiana de Matera, en la región de Basilicata, vio cómo, de la noche a la mañana, pasaba de ser un destino minoritario para transformarse en una opción prioritaria dentro del extenso abanico del turismo religioso. Y todo porque un buen día Mel Gibson visitó la ciudad de los sassi.

Dicen que el director australiano enloqueció de alegría cuando le llevaron hasta Matera. Lo que vio se ajustaba perfectamente a la Jerusalem del siglo I que había imaginado. Lo cierto es que Gibson no fue pionero en esto. En 1964, Pier Paolo Pasolini rodaba allí “El evangelio según San Mateo”, lo mismo que haría veinte años más tarde Bruce Beresford con “El Rey David”.

La crucifixión, la infancia de Jesús, y la Última Cena fueron rodadas en sus calles. Las colinas y salientes rocosos circundantes se aprovecharon como telón de fondo. Muy poco tuvo que ser retocado en la ciudad. El rústico aspecto exterior de sus casas hicieron innecesarios los posteriores retoques digitales.

Su cercanía con Roma (a cuatro horas en coche), además, hacía mucho más fácil el rodaje. Allí, en la ciudad eterna, (en los estudios CineCitta) se rodaron el resto de escenas, especialmente los interiores, para las que se construyeron numerososo escenarios.

UN RODAJE ACCIDENTADO

La Pasión de Cristo” tomó tintes épicos cuando se conocieron ciertos hechos del rodaje que atribuían poderes fácticos al filme en sí. Estos detalles (suministrados puntualmente por productores y distribuidores) no hicieron sino aumentar una expectación que ya adquiría dimensiones colosales. Se llegó a afirmar que muchos miembros del rodaje se convirtieron, otros dejaron sus adicciones mientras otros se reconciliaban.

I Sassi di Matera / FOTO: AURUM y Antonio Foschino

Sin dudar de la credibilidad de tales afirmaciones, lo que sí fue auténtico de verdad fue el sufrimiento del actor protagonista en su Vía Crucis. Jim Caviezel se sometió a maratonianas sesiones de maquillaje que llegaron a las diez horas de duración. Todo con la intención de reflejar con el mayor nivel de detalle posible las heridas de su martirio. Dejando a un lado la parte “postiza”, a Caviezel no le costó demasiado conseguir la expresión facial de agonía dadas las eventualidades que sufrió a lo largo del rodaje.

En la escena de la flagelación, Caviezel sufrió una dislocación de hombro. Posteriormente sufrió una infección pulmonar debido a los largos periodos de tiempo que pasó subido en la cruz en pleno invierno, sin olvidar que la cruz que llevaba a hombros pesaba setenta kilos (la mitad del peso que se estimaba realista pero, aún así, considerable).

Aunque el hecho más asombroso fue el rayo (uno de los dos que hicieron acto de presencia durante el rodaje) que le alcanzó cuando se refugiaba de una tormenta bajo el paraguas de un ayudante de dirección. Ambos recibieron el impacto (sin consecuencias para su salud) y se levantaron sin más, cual escena bíblica, algo que hizo “alucinar” al resto del reparto.

Un momento de la película / FOTO: Aurum Producciones

Todos estos hechos se vieron alimentados por la oscuridad prácticamente total en la que fue rodada la película. El deseo del director de fotografía, Caleb Deschanel, era imitar el estilo ‘claroscuro’ de Caravaggio.A juzgar por los resultados, cumplió su objetivo al cincuenta por ciento. Gran parte de las escenas se rodaron de noche, o con escasa luz. Durante ellas, hubo quien afirmó haber visto personajes extraños deambulando por los escenarios. En resumen, más que una película, para muchos se convirtió en una experiencia inolvidable.

LOS SASSI

El vocablo “sassi” quiere decir rocas, y en Matera se refiere a todas las construcciones que desde tiempos remotos se han construido en la misma roca del cañón del torrente Gravina. La historia de esta ciudad es muy extensa, más aún que la contada en la película del director australiano. Los arqueólogos han encontrado evidencias de un gran asentamiento en el Neolítico, aunque se cree que el primer hombre que habitó este lugar lo hizo en el Paleolítico inferior.

Jim Caveziel y Mel Gibson en un "descanso" del reodaje / FOTO: Aurum Producciones

La culpa de que este paraje atrajera al hombre prehistórico la tiene la roca sedimentaria de la que están hechas las paredes del cañón del Gravina (conocida como “tufo”) y que en las condiciones que encuentra en Matera (por encima de los 350 metros sobre el nivel del mar) se convierte en un material muy moldeable y estable al mismo tiempo. Eso permitió la construcción de grutas que les protegieran de las duras condiciones ambientales, de las fieras y de las otras tribus.

Curiosamente, con el paso del tiempo, este modo de vida, lejos de abandonarse, se popularizó. Ya en la Edad Media, Matera pasó de aldea a ciudad. La riqueza de esa época de esplendor queda evidenciada por las 150 iglesias rupestres encontradas (de hecho, la Catedral que corona la ciudad data de 1270). Los habitantes de los sassi, además, encontraron el modo de resolver el problema del abastecimiento de agua. En esta región del sur de Italia las precipitaciones pluviales no son muy frecuentes. Por ello, los antiguos habitantes de Matera construyeron todo un complejo sistema de canales y cisternas interiores que llevaran el agua a las casas con la menor pérdida posible.

UNA HISTORIA DE CONTRASTES

El progreso tardó mucho en llegar a Matera. Sus dos últimos siglos de vida se caracterizaron por un crecimientodemográfico imparable que pronto atestó los sassi. Las condiciones de vida poco a poco empeoraron. El agua comenzó a escasear y la falta de una correcta ventilación provocó numerosas enfermedades en sus habitantes.

Después de la Segunda Guerra Mundial y con Italia sumida en una gran depresión, los sassi volvieron a sufrir un aumento de población. Este rincón, ahora escondido, de la península itálica reflejaba alguno de los peores índices de salubridad del país, como la mortalidad infantil, que era cuatro veces mayor aquí que en el resto del estado.

Piazza Vitorio Venneto / FOTO: AURUM y Antonio Foschino

Matera tuvo su punto de inflexión en 1950, año en el que el escritor Carlo Levi visitó la región de Basilicata y denunció las insalubres condiciones en que se vivía. El asunto se convirtió en escándalo nacional. Muy pocos querían creer que en pleno siglo XX hubiera compatriotas viviendo en cavernas, pero en efecto así era.

El Gobierno italiano quiso poner coto al asunto y acabar con el escarnio que provocaban los sassi. Se consiguió realojar a 20.000 ciudadanos en nuevas viviendas otorgadas en permuta por las suyas. Sólo los que tenían más recursos económicos pudieron conservar sus propiedades, el resto pasó a manos del Estado.

Así, y durante cuarenta años, los sassi permanecieron deshabitados y olvidados. Hasta 1993, año en que la Unesco lo incluyó en su lista de sitios considerados Patrimonio cultural. Acto seguido, a Matera empezaron a llegar cuantiosos fondos para reformar hogares, iglesias y palacios, y habilitarlos para su visita y para poder ser poblados... otra vez. El mismo lugar que provocaba vergüenza nacional, es ahora motivo de orgullo, curiosa paradoja.

Actualmente cerca del 70% de los sassi están completamente reformados. En los últimos años se han abierto numerosos restaurantes, tiendas, oficinas de viajes y hoteles que son frecuentados por los turistas, en su mayoría estadounidenses, japoneses y australianos.

"FETTUCINE ALLA GIBSON"

Ese es el plato estrella de la Trattoría Lucana. Y no porque sea su mejor especialidad, sino porque era el preferido de Mel Gibson. Este manjar, hecho con puré de judías, setas, cebolla y tomate, es uno de los principales reclamos del restaurante que frecuentaba Gibson día sí, día también, en sus prolongadas estancias en Matera. y ejemplifica a la perfección el aprovechamiento que se está haciendo del “tirón” que todavía tiene el film. El ayuntamiento de Matera logró convencer a la productora para que les cedieran los derechos de imagen así como los sets de rodaje para poder ser visitados con posterioridad. Prosiguiendo en esa línea, se está estudiando colocar carteles informativos que relacionen cada punto de la ciudad con su función en la película. Así por ejemplo la Vía Muro llevaría el sobrenombre de Vía Crucis, al mismo tiempo que la Iglesia de la Virgen de la Virtud sería conocida no por sus liturgias, sino por la Última Cena.

Otra posibilidad, la más extrema de todas (y a mi entender, hasta de mal gusto) contempla la colocación de tres simbólicas cruces de madera en el precipicio de la Gravina, en el mismo lugar en el que Jim Caviezel era levantado junto a los dos actores que interpretaban a los ladrones Dimas y Gesmas. Todo sea por el turismo.




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