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  Fernando Martín
redaccion@revista80dias.es

La capital de la República de Austria es uno de los destinos que eligen ciudadanos de todos los países europeos por sus inagotables atractivos. Viena también es la ciudad de la música. Como dice la famosísima canción de Ultravox, emblema del Pop de los años ochenta, "la música fluye, notas fascinantes, el ritmo te llama,... Viena".

CONTENIDOS

  1. DE VISITA OBLIGADA
  2. DE MUSEOS
  3. ARQUITECTURA
  4. DE COMPRAS
  5. PARA COMER
  6. DE MARCHA

DE VISITA OBLIGADA

Podemos empezar el recorrido por la Ring Strasse, amplísima avenida que rodea el casco antiguo mandada construir a mediados del siglo XIX por el emperador Francisco José. A lo largo de ella un gran número de edificios representativos como el Museo de Artes Aplicadas, el Parlamento, el Stadtpark, la Ópera nacional y, por supuesto, el Palacio Imperial.

Estatua en el Palacio de la República / FOTO: ONT Austria

Residencia imperial hasta 1918, hoy sede de la Presidencia de la República, abre al público las puertas de los antiguos aposentos de los emperadores de la casa de los Habsburgo, como la admirada Sisí, de quien se inaugura el próximo mes de abril un museo permanente acerca de su vida y sus posesiones.

Una de las salas más visitadas es la que alberga la extraordinaria Platería imperial, que iguala en interés a la Cámara del Tesoro. Dentro del recinto está también la Capilla donde cada domingo deleitan con sus voces los Niños Cantores de Viena.

Otra visita ineludible, la Escuela Española de Equitación. Desde 1572 esta escuela ecuestre enseña a todo el que acude la perfección en el adiestramiento de los caballos lipizanos. Para completar esta visita imperial nada mejor que entrar en la Cripta de los Capuchinos, a pocos metros del Palacio, y última morada de 143 miembros de la dinastía.

Dentro del casco antiguo, y en el mismo centro de la ciudad, la catedral de San Esteban. De estilo gótico, como su altísima y vertical nave central, aunque con algunas muestras del románico tardío. Su torre sur es visible desde casi cualquier rincón de Viena dados sus 137 metros de altura. Quien sube sus 343 peldaños de la 'Steffl' puede disfrutar de una bella panorámica de la ciudad. La catedral además está circundada por numerosas tiendas típicas, puestos de comidas y terrazas siempre repletas de paseantes.

Abandonando el centro la ciudad no se queda sin atractivos. Si desde la 'Steffl' hay una buena vista, no es menor la que se observa desde lo alto de la Noria del parque Prater. Inmortalizada en la película de Orson Welles 'El Tercer Hombre', basada en la novela de Graham Greene sobre la Viena de la postguerra, esta atracción ha estado girando durante más de cien años y tiene su punto más alto a 65 metros del suelo.

Escuela española de equitación / FOTO: ONT Austria

Capítulo aparte merece el Palacio Schönbrun, la antigua residencia estival de la familia imperial de estilo barroco. Sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es el lugar más visitado de Viena gracias a su gran extensión y a su variada oferta. Desde el Museo de Carruajes, en el que está la fastuosa Carroza de la Coronación, las estancias de la emperatriz Sisí hasta, por supuesto, los inmensos jardines que invitan a perderse (con laberinto incluido, como no podía ser de otro modo) y el zoológico más antiguo del mundo (más de 250 años), abierto todos los días del año.

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DE MUSEOS

La oferta de museos en Viena es inagotable. Empezando por el MuseumsQuartier, el barrio de los museos. Uno de los diez recintos culturales más grandes del mundo. Ubicado en las antiguas caballerizas del Palacio Real donde se han armonizado antiguos edificios barrocos con impresionantes construcciones modernas, como el MUMOK (Museo de Arte Moderno), revestido de negra pizarra, o el Museo Leopold, situado justo enfrente y de un color blanco resplandeciente. Allí el visitante puede encontrar desde las obras maestras del expresionismo de Egon Schiele o Kokoschka hasta las tendencias artísticas más actuales, como en el pabellón Kunsthalle Wien, en un recorrido imprescindible.

Catedral de San Esteban en Viena / FOTO: ONT Austria

Buscando más opciones pictóricas, en la Galería Belvedere se encuentra la mejor colección de Gustav Klimt que hay en el mundo. Visitadísima, porque allí se puede observar su archiconocido lienzo "El beso", amén de numerosas obras de artistas impresionistas. Un catálogo más clásico tiene el Albertina, situado en la plaza del mismo nombre en un antiguo palacio de los Habsburgo, y que posee una valorada colección del pintor holandés Rembrandt Van Rijn.

Y si el visitante aún se ha quedado con ganas, muy recomendables son el Museo de la Historia Natural (donde se pueden ver vestigios del hombre primitivo como la Venus esteatopigea de Willendorf), el Museo Sigmund Freud, en la que fue vivienda-consulta del creador del psicoanálisis, o el Judenplatz, que recoge la historia del judaísmo en la capital austriaca.

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ARQUITECTURA

El arte en Viena no sólo se encuentra dentro de los edificios. La ciudad fue un gran foco del modernismo de finales de siglo XIX, llamado de muchos modos, en Austria denominado Jugendstil. Un arte eminentemente (pero no exclusiva-mente) arquitectónico definido como total, que todo lo abarcaba, y que salía al exterior.

El mejor exponente de ello es el edificio de la corriente vienesa de este movimiento, llamada Secession. Diseñado por Joseph Maria Olbrich hace más de cien años, coronado con una espléndida cúpula compuesta por distintos metales. La entrada está rematada por un friso pintado por Klimt (el friso de Beethoven) y una leyenda en la que se recoge en letras doradas la máxima del grupo modernista austriaco: "A cada época su arte. Al arte su libertad".

Pero éste edificio no es más que la punta del iceberg. El más célebre de los arquitectos austriacos del siglo XIX, Otto Wagner, diseñó numerosas construcciones a lo largo y ancho de Viena. Por ejemplo, el edificio de la Caja Postal de Ahorros (Postparkstrasse, situado en la Ring Strasse ), o el edificio Loos-Haus en la plaza Michaelerplatz. Sin olvidar varias estaciones de metro, siendo la más conocida la de Karlsplatz.

Restos de otras épocas en la campiña austriaca / FOTO: ONT Austria

Dejando a un lado el modernismo, la capital de los Habsburgo acoge también las nuevas tendencias. Muestra de ello son los antiguos Gasómetros, cuatro torres de ladrillo de más de un siglo convertidas en viviendas, oficinas y un centro comercial entre 1999 y 2001.

Muy llamativa es la Casa de Hundertwasser, obra del arquitecto vienés del mismo nombre. Con una fachada muy llamativa, de superficie irregular y distintos colores. De este mismo artista también es una atractiva construcción que, en la realidad, sirve de fachada para una planta incineradora de basuras.

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DE COMPRAS

Un lugar ideal para perderse son los viejos Gasómetros, que, en su planta baja albergan unas 70 tiendas en una superficie comercial de 22.000 metros cuadrados . Tampoco es desdeñable el casco antiguo, lleno de tiendas de souvenir y otras más lujosas como en la Mariahilfer Strasse. Sin olvidarse de los mercadillos vieneses en los que se puede encontrar de todo.

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PARA COMER

La cocina autriaca es una de las más sabrosas / FOTO: ONT Austria

Pero el sentido de la vista no es el único que desarrollará visitando Viena. Ya sea en un café, una taberna típica (heurige) o un refinado restaurante, la cocina vienesa no deja impasible a nadie. Un plato tradicional es el wiener schnitzel (filete empanado), así como el sabroso gulasch (guiso de origen húngaro), y de postre, apfelstrudel, una deliciosa tarta de manzana y hojaldre que no se hace en ningún sitio como en Viena. Y el vino, elaborado en la propia ciudad, y, por supuesto, las salchichas wieners.

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DE MARCHA

Cuando llega la noche abren sus puertas otro tipo de locales. En el casco antiguo encontramos la zona conocida como el Triángulo de las Bermudas, un bar detrás de otro de ambiente muy animado. Otras zonas interesantes, la que rodea al mercado Nachsmarkt (un punto de encuentro multi-étnico), el barrio de Freihaus o las zonas cercanas al campus universitario.




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