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  Alejandro Cristobalena
redaccion@revista80dias.es

Os presentamos un clásico del cine que seguro váis a disfrutar, porque es en películas como esta cuando apreciamos el auténtico ritmo del arte cinematográfico. Es además una de las primeras películas que se rodó en el escenario original, lejos de los estudios y decorados de la Paramount. Esto se debe en gran medida a William Wyler, director y productor, y aquí radica uno de los valores del rodaje: los espectadores, por primera vez, verían Roma en estado natural, embellecida por la historia que se cuenta y los personajes que la protagonizan. Hasta 1950 siempre se había utilizado la proyección por transparencia para incluir los escenarios de otras ciudades.

En 1953 Audrey Hepburn no era una actriz conocida, pero en "Vacaciones en Roma" pudo demostrar su talento ante la cámara, interpretando el papel de una joven princesa que se desborda ante las múltiples obligaciones de su cargo y escapa para vivir a su gusto. Gregory Peck es el galán que le muestra la ciudad y hace posible su gran sueño, que es, según sus palabras: hacer pequñas cosas, lo que se me antojase durante todo el día... como cortarme el pelo y comer helado, y sentarme en la terraza de un café, mirar escaparates, pasear bajo la lluvia, divertirme, y quizá hacer algo excitante.

Es sin duda uno de los mejores deseos que se puede tener, tanto en el cine como en el mundo real, y es el plan de viaje que desde revista80dias.es recomendamos a todos. Roma es una ciudad en la que uno debe perderse, porque nunca estará perdido. Cada paso que se da en Roma es una conquista, cada visión que se obtiene de ella, un recuerdo. Y cada lugar que se visita, es un lugar al que uno quiere volver, o nunca dejar de vivirlo.

En Roma no importa dónde estás, porque en cuanto caminas unos metros, la ciudad te sorprende y te obsequia con un fragmento de su historia. Esto lo refleja muy bien la película, porque este es el argumento principal: una joven que descubre Roma, que descubre la vida en Roma.

El interés que suscita la película es ver Roma en movimiento: los escenarios son reales, y cautivan a todos los viajeros: a los que ya han estado en Roma y a los que no. Dicen de ella que es el caput mundi, y no les falta razón. Se pueden reconocer perfectamente los lugares que se muestran, incluyendo la Vía Margutta, residencia de Joe Bradley (Gregory Peck), muy cerca de la Piazza del Popolo y de la Villa Medici, que es uno de los emplazamientos en Roma desde los que se pueden obtener mejores vistas de la ciudad. También aparecen la Piazza della Repubblica, la Fontana di Trevi, la Piazza di Spagna, el Panteón, el Coliseo, el Palatino, el Campidoglio, el Castel Sant Angelo... todos ellos lugares de interés que, como viajeros o turistas, no dejaréis de visitar.

Resulta muy interesante ver la película y después tener la ocasión de visitar Roma, o al revés, y darte cuenta de qué es permanente y qué no. La ciudad es el tercer protagonista de la historia, eterno protagonista que aporta carácter y sentido a las tribulaciones de los otros personajes. Aún hoy es una película moderna, en cierto modo atemporal, con una identidad propia que irradia belleza.

EL RODAJE

Como sucede a menudo en este mundo del cine, la circunstancia jugó un importante papel en el resultado final de la película: en un principio la dirección la iba a ejecutar Frank Capra, pero se negó a hacerlo al saber que el guión había sido escrito por Dalton Trumbo, acusado por el Comité de Actividades Antiamericanas de ser comunista. William Wyler aceptó el trabajo asumiendo el riesgo, si bien los títulos de crédito mostraban al guionista bajo un seudónimo. Trumbo pasó más de un año en la cárcel, pero siguió escribiendo guiones (18) y participando en producciones de Hollywood mientras estaba preso. Nunca llegó a demostrarse la culpabilidad de Trumbo, y aquellos años son recordados en Hollywood como parte de la historia negra de la Industria.

Gregory Peck fue el segundo actor al que ofrecieron el papel; el primero fue Cary Grant, y lo rechazó porque la atención de la historia recaía sobre la princesa, en vez del periodista. Gregory, por el contrario, después de conocer a Audrey, pidió que el nombre de ella apareciera en los créditos con el mismo tamaño que el suyo, pronosticando el éxito y talento de la joven actriz.

Elizabeth Taylor y Jean Simmons fueron candidatas para el papel de la princesa, pero ninguna de ellas estaba disponible. Pocos meses antes, la escritora francesa Colette había descubierto a Audrey Hepburn en Montecarlo, en una película de bajo presupuesto. Le ofreció el papel principal para su obra Gigi en Broadway. Audrey no había trabajado hasta el momento en películas importantes, pero sí se había estado ganando la vida como bailarina profesional y actriz (interpretando pequeños papeles o como figurante), incluso recaudando dinero durante la guerrra en los teatros de Arnhem para la Resistencia. En los años siguientes demostró su valía profesional y personal. No en vano dicen de ella que poseía su propia mística romántica, un encanto personal que distinguía a Audrey entre un millón.

Vacaciones en Roma fue nominada a diez premios de la Academia, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actriz. Este último lo consiguió Hepburn, haciéndose así realidad el pronóstico de Gregory Peck.




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