Por Jordi Bonet
Fotos: MNAC Barcelona
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Nos situamos en la estación de metro Espanya de Barcelona. Al salir de las escaleras, nuestra mirada se dirigirá instintivamente hacia la montaña de Montjuïc, por su acceso desde la Avenida Maria Cristina, que vertebra el complejo de la Fira de Barcelona, constituido por los pabellones de la Exposición Universal de 1929. Al fondo de las escalinatas nos da la bienvenida el Palau Nacional, que preside, desde su privilegiado asentamiento, el recinto y acoge les Fonts de Montjuïc, o también llamada La Font Màgica, obra del ingeniero Carles Buïgas. Al llegar a las puertas del MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña) dejamos a nuestras espaldas una fantástica vista de la ciudad con la otra montaña de referencia, el Tibidabo, al fondo, que con sus más de 400 metros de altura nos saluda y nos espera para otra ocasión. Y finalmente nos encontramos en el acceso principal del museo.

El Museu Nacional d’Art de Catalunya reúne en un itinerario prácticamente ininterrumpido una excepcional muestra del arte catalán, desde el románico hasta mediados del siglo XX y lo presenta en paralelo a los grandes movimientos europeos. La visita permite una lectura esclarecedora de la historia del arte europeo en general, a la vez que se dibuja el carácter singular que adoptan las diferentes corrientes artísticas en el ámbito cultural catalán.

Casi mil años de arte presentados a modo de recorrido histórico en un espacio que se ha consolidado como centro museístico de primer orden, haciéndose un hueco en el circuito de los principales museos internacionales.

El MNAC, está constituido por diferentes colecciones: arte románico (la colección de pinturas al fresco del MNAC constituye la mejor del mundo por su calidad, cantidad y conservación de sus piezas), arte gótico, arte renacentista y barroco (el Legado Cambó y la colección Thissen-Bornemisza, que ofrece una visión global del arte europeo, desde el Gótico hasta el Rococó), arte moderno, dibujos, grabados y carteles, fotografía y numismática. Colecciones que por su calidad deberían ser analizadas con profundidad, pero considerando que el artículo podría extenderse en exceso y que durante una visita de pocos días a la ciudad Condal, en la mayoría de los casos, no podremos permitirnos el lujo de pasarnos todo el tiempo que realmente sería necesario para ver con suficiente calma todo lo que el museo nos ofrece, propongo centrarnos en la colección de arte moderno.

¿Por qué arte moderno? Porque en nuestro primer viaje juntos os propongo empezar a disfrutar del arte por lo más dulce, por la belleza sublime de obras inspiradas en la búsqueda de la perfecta armonía de las formas. Obras que nos hablan de sentimientos y que buscan en ellos la belleza. Obras que sin considerarse contemporáneas son capaces de ambientarnos de aquellos pasados, pero a la vez cercanos, tiempos. Tiempos que todavía comprendemos y en los que encontramos toda la intensidad de una época apasionada por la vida en sí misma.

COLECCIÓN DE ARTE MODERNO
La colección de arte del siglo XIX comienza con una sala dedicada al escultor neoclásico Damià Campeny, artista destacado que fue a Roma becado por la Academia de Bellas Artes. Junto a Lucrecia y Cleopatra, dos de sus obras más destacadas, se exponen algunos bocetos, hasta ahora casi desconocidos, que permiten apreciar el proceso de su creación artística, su pluralidad temática y, en definitiva, su fidelidad a los postulados neoclásicos. En la sala contigua se muestran obras de artistas vinculados a la Academia como Flaugier, Solà, Lacoma Sans y Lacoma Fontanet, así como dos excelentes retratos del pintor valenciano Vicente López, uno de los artistas más prestigiosos de su tiempo. En cuanto a los artistas adheridos al romanticismo, sobresalen los pintores nazarenos, que tratan esencialmente el retrato, como Lorenzale, y, entre los paisajistas, Lluís Rigalt, pionero en la tradición del paisajismo catalán, quien tendrá continuidad en el realismo. En escultura destaca Dante de Suñol, que muestra el espíritu medievalista que imperó en esta etapa artística. Los dos ámbitos dedicados al romanticismo se completan con retratos de artistas tan destacados como Clavé, Arrau o Federico de Madrazo, máximo exponente del retrato en España.

Un capítulo aparte merece Fortuny, el mejor pintor español del siglo XIX después de Goya, que triunfó internacionalmente con la pintura de género y que inició planteamientos avanzados en sus últimas producciones. Junto con La batalla de Tetuán, tela de grandes dimensiones y de un innegable atractivo, se exponen las mejores pinturas de este artista que conserva el MNAC, entre las que destaca La vicaría, la obra que le dio la fama y que fue considerada uno de los iconos más emblemáticos de su tiempo. El ámbito dedicado a los seguidores de Fortuny está integrado por artistas formados en Roma poco después de su muerte y por algún representante de la escuela luminista de Sitges.

El realismo catalán ocupa las salas siguientes, dedicadas a los artistas más destacados de este movimiento artístico. Antoni Caba, Simó Gómez y Benet Mercader comparten una sala dedicada especialmente al retrato con algunos de los ejemplos más acertados de este género.

Uno de los ejes vertebrales de las colecciones de arte moderno es el modernismo, movimiento inspirado en las corrientes artísticas europeas que renovó el arte y la cultura catalana del último decenio del siglo XIX y del primero del XX. Impulsado por los intelectuales de izquierdas de la revista L’Avens, acabó por convertirse en el signo de identidad de la burguesía catalana, y se extendió finalmente a todas las capas de la sociedad del país. El extraordinario nivel artístico que consiguió el modernismo se refleja en la magnífica colección de los más destacados pintores, escultores, arquitectos y artífice de primer orden que conserva el MNAC y que ocupa una sucesión de salas que, en conjunto, muestran la riqueza artística de este período esplendoroso.

El recorrido se inicia con obras de los miembros del Círculo Artístico de Sant Lluc. En pintura es especialmente significativa la presencia de dos obras de Joan Llimona. En escultura, junto con la presencia casi testimonial de Rodin y de Meunier, los escultores europeos que más influyeron a los escultores catalanes de ese período, destacan Los primeros fríos de Miquel Blay y La primera comunión de Josep Llimona, dos obras maestras del arte catalán que pertenecen a la etapa más idealizada de su producción. La corriente simbolista que adoptaron ellos mismos poco después, materializada en las formas sinuosas y decadentes, está presente en Desconsuelo del mencionado Josep Llimona, Persiguiendo la ilusión de Blay y Eva de Clarasó, tres obras paradigmáticas de la escultura catalana moderna.

Las pinturas que más se identifican con el modernismo por su estilo renovador son las de Casas y Rusiñol. Las salas monográficas dedicadas a estos artistas muestran un amplio abanico de su producción con importantes obras de la etapa parisina y obras tan paradigmáticas como Ramón Casas y Pere Romeu en un tándem, la pintura que presidió Els Quatre Gats.

La colección de artes decorativas modernistas muestra algunos conjuntos excepcionales del interiorismo de Puig i Cadafalch, Homar y Gaudí, procedentes, respectivamente, de las casas Ametller, Lleó Morera y Batlló, del paseo de Gracia de Barcelona. Sin olvidar los conjuntos del mobiliario de Francesc Vidal, Joan Busquets y otros artesanos destacados que evocan los espacios cotidianos de fin de siglo, reflejo de la pujanza burguesa. Asimismo, hay que destacar que en la actual presentación, el MNAC dedica un ámbito monográfico al Gaudí diseñador que se muestra como precursor de los diseños ergonómicos y prescinde de toda referencia de estilo.

La segunda generación de artistas modernistas ocupa las salas contiguas a las de artes decorativas. Estos artistas, unos diez años más jóvenes que los primeros modernistas, tomaron el relevo y llevaron el arte catalán a uno de sus momentos más brillantes. Las obras de Pidelaserra y de Canals evidencian su asimilación del impresionismo, movimiento al que pertenece A Saint-Mammés. Sol de junio de Alfred Sisley, la única obra que conserva el MNAC de un pintor propiamente impresionista. Sigue la sala dedicada a Joaquim Mir, el paisajista más genial de su generación y probablemente también el mejor de toda la pintura catalana moderna, por su personal lenguaje artístico, que tuvo el color como protagonista y con el que casi llegó a la abstracción. A continuación figura Anglada Camarasa, uno de los artistas que obtuvieron mayor reconocimiento internacional en su tiempo, presente con diversas obras, como Granadina.. La sala dedicada a Nonell, la última de las dedicadas al modernismo, reúne una buena muestra de obras de este pintor esencialmente expresionista que consiguió transmitir con rotundidad la miseria, el pesimismo y la soledad más profunda en las figuras gitanas que pintó casi obsesivamente.

El otro movimiento ampliamente representado en el MNAC es el Noucentismo, que encarna la búsqueda de las esencias propias del Mediterráneo. Las primeras voces que propugnaban la necesidad de un cambio aparecieron ya en la primera década del siglo XX, pero no fue hasta 1911 que se consolidó este movimiento, que arraigó con gran fuerza en Cataluña y que tuvo una resonancia más amplia que la propiamente artística.  En cuanto a la escultura, Clará y Casanovas tuvieron como referente plástico más inmediato al escultor Arístides Maillol y optaron por unos planteamientos estéticos basados en la armonía, la razón y la depuración de las formas que, en definitiva, se convirtieron en la representación de la mujer catalana ideal, definida por D’Ors en La Ben Plantada. Completan este movimiento esculturas de Manolo Hugué y las pinturas de Nogués, con un marcado acento popular. Hacia 1917 aparece la segunda generación de noucentistas, quienes aunque fueron críticos con los primeros noucentistas, optaron por continuar con la tradición figurativa e hicieron una producción con voz propia en el contexto del realismo internacional de entreguerras. De estos artistas sobresalen Togores, Domingo y los integrantes de los grupos de los Evolucionistas y de la Agrupación Courbet.

Los artistas vinculados a las vanguardias ocupan los últimos ámbitos de las colecciones de arte moderno. Destaca la presencia del escultor Gargallo, tanto por sus obras centradas en la representación del cuerpo humano, en sintonía con los postulados noucentistas, como, muy especialmente, por sus esculturas de vanguardia. Sus aportaciones en el uso del hierro recortado y soldado, y la inclusión del vacío como elemento de volumen, lo situaron en un lugar destacado de la escultura moderna.

Y acabando el recorrido y ya llegando a nuestros días, en cuanto a pintura es especialmente destacable la presencia de obras de Barrades, Torres-García y Dalí, éste último autor del retrato de su padre, obra emblemática en las colecciones del Museo.

La visita a la colección de Arte Moderno os puede llevar un par de horas, pero sobretodo, aunque en este artículo solo hayamos hablado de esta colección, no dejéis de hacer ese maravilloso recorrido de casi 1.000 años por todas las colecciones que nos ofrece el MNAC.



LA ESCULTURA - “Desconsuelo” - Josep Llimona
Deteneos ante esta obra y olvidaros de todo. Observad sus formas. El desnudo permite apreciar toda la serenidad de la talla, la sensibilidad y la delicadeza con que es tratado el tema. Nada se oculta excepto su cara, que ayuda al espectador a identificarse en su misma sensación desesperada. En unos instantes notareis como la pieza cobra vida y siente. Nos emociona su tristeza. Nos invade la sensación de consolarla. Su tamaño, como el de una niña, nos invita a recogerla en nuestros brazos, a sujetarle con delicadeza la muñeca. Sus manos parece que en cualquier momento podrían resbalar. La casi imperceptible presión de uno de sus dedos nos conmueve, hay una blandura exquisita que contrasta con la dureza del material, mármol blanco con su detallado trabajo de formas y claroscuro. De un solo bloque de mármol surge, como en una reedición de las figuras inacabadas de Miguel Ángel y con gran influencia de Rodin, una hermosa figura femenina, desnuda, caída.



EL CAFÉ - “Ramon Casas y Pere Romeu en un tándem” - Ramon Casas, en Els Quatre Gats
Els Quatre Gats está situado en los bajos de un edificio neogótico proyectado por el arquitecto Puig i Cadafalch. El establecimiento fue ideado por Pere Romeu a semejanza del Chat Noir de París, una especie de taberna para artistas. El dibujante Ramón Casas fue el que financió el local. Cuando Romeu comentó a sus amigos la idea de abrir una cervecería-restaurante en la calle Montsió, Russinyol le dijo que le parecía descabelladO puesto que a su restaurante sólo irían “cuatro gatos”. A Romeu le hizo gracia el comentario y decidió llamar al restaurante Els Quatre Gats. El cartel fue obra de Ramón Casas y la primera minuta de Pablo Picasso. Finalmente Els Quatre Gats fue abierto al público el 12 de junio de 1897. En poco tiempo se convirtió en un punto de reunión de modernistas y bohemios como Santiago Rusiñol, Casas, Nonell, Picasso, Utrillo, Rubén Darío… Sin duda como cervecería-restaurante, el local carecía de interés comercial, pero era un foro de arte y literatura. Pese a esto, sólo duró 6 años: de 1897 a 1903. Muchas décadas más tarde resurgió de nuevo Els Quatre Gats con la ilusión de conservar el mismo ambiente de finales de siglo y de mantener la esencia de lo que representó el alma exquisita de los personajes que le dieron vida. Su visita es especialmente recomendada si queréis acomodaros definitivamente en el ambiente y sabores de la época. Podéis visitarlo en la calle Montsió, 3 Bis - Al lado del Portal de l’Àngel - Metro Catalunya.


Horario
De martes a sábado, de 10 a 19 h
Domingos y festivos, de 10 a 14.30 h
Lunes cerrado, excepto festivos

Tarifas
8,50 € (incluye la visita a todas las colecciones y exposiciones temporales, y el servicio de audioguía)
De 3 a 5 € (exposiciones temporales)

Entrada reducida
6 € (familias, adultos en grupo, estudiantes)

Entrada gratuita
Menores de 12 años, mayores de 65 años, estudiantes en grupo con reserva, miembros del ICOM y otras asociaciones con convenio. Día gratuito (colección permanente): primer jueves de cada mes.

Venta de entradas
Hasta media hora antes del cierre de las salas
Venta anticipada en el servicio de Telentrada de Caixa de Catalunya

Precio Art Ticket: 17 € (incluye la entrada al MNAC, la Fundació Miró, la Fundació Tàpies, la Fundació Caixa de Catalunya, el Museu d’Art Contemporani de Barcelona y el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona)

Bus Turístico: 10% de descuento

Museos Sección
Museu Cau Ferrat de Sitges
Museu Comarcal de la Garrotxa d’Olot
Biblioteca Museu Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú