Paloma Gil
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Había una vez... una ciudad encantada

Érase una vez una ciudad en la que las casas estaban colgando al borde de un acantilado. Había un puente enorme para cruzar de un lado a otro, las ruinas de un castillo y un viejo edificio, que fue de la Inquisición.

Hemos estado en Cuenca, Konka como la llamaron los árabes que la fundaron hace casi 1500 años. Aunque los verdaderos creadores de la localidad  fueron los ríos Júcar y Huécar, que convirtieron ese lugar en una fortaleza inexpugnable muy apetecible para todos. Y perteneció a un tal Halsin el aventurero, después Sancho Ramírez la rodea y les asediada, pero no los conquista; al rey Alfonso VI, se la encomiendan para el cuidado de una princesa árabe. Luego se la quedan los almorávides y el Rey Lobo, que es musulmán, se proclama soberano de Cuenca. Al final Alfonso VIII, con ayuda de un montón de cristianos, vuelve a cercar la ciudad y, casi 6 meses después, los musulmanes se rinden y Cuenca pasa a formar parte de Castilla. Porque ahora es una de las provincias de Castilla La Mancha y por eso fuimos a visitarla.

Las leyendas
Mis padres creían que me iba a aburrir porque soy pequeña, pero la gente de la ciudad es muy simpática. Nos contaron muchas historias mientras paseábamos por un montón de callecitas estrechas y empinadas. Por ejemplo, cuando bajamos por la cuesta de las Angustias y llegamos a la Iglesia del mismo nombre, una señora nos contó que allí cerquita hubo un convento que cerró el rey Carlos III en el siglo XVIII, porque era de Jesuitas. Los monjes lo abandonaron, pero después de unos días empezó a sonar de nuevo la campana, dentro del palacio… y dijo que además se oían unos ruidos muy extraños. Así que cuando la gente abrió el convento para ver qué pasaba, resulta que el más anciano de los monjes se había quedado dentro. Era un hombre muy mayor que estaba muy enfermo, que no quería irse, se había escondido y sólo podía comer los productos de la huerta del convento.

El puente que une el parador con las casas colgadas se llama el Puente de San Pablo y desde allí se puede ver todo. Las casas de un lado, el convento del otro y el río abajo del todo. Esto también tiene su historia, porque había un cura, Don Juan del Pozo, muy rico, que usaba todo su dinero para ayudar a los necesitados y tenía un criado negro, ex cautivo de los moros, que no podía hablar, porque le habían cortado la lengua. Una noche, unos ladrones entraron en su casa y le robaron todo el dinero que tenía guardado. El criado los vio, pero no pudo avisar a nadie, así que los siguió por la ciudad por el Pórtico de Santa María, atravesando las casas colgadas, hasta que escondieron el dinero entre los peñascos de Mirabueno. De esta forma el criado pudo indicar a Don Juan el lugar exacto en que se encontraba el dinero. Entonces el cura entendió que eso era una señal del cielo y que debía construir allí mismo un monasterio: el de San Pablo y después levantaría el puente.

Los monumentos
Y la catedral de Santa María y San Julián parece el centro de la ciudad vieja, porque también hay una Cuenca muy moderna más abajo. Es la sede episcopal desde el año 1183, cuando la conquistó Alfonso VII de Castilla y consagró la mezquita árabe que había allí. Es de estilo románico, que era el que estaba de moda entonces, pero como el rey estaba casado con Leonor de Inglaterra, la hija del rey Enrique II y de Leonor de Aquitania, que es la hermana de Ricardo Corazón de León, pues al venir a Castilla con su séquito trajeron sus propias ideas de Normandía y fue la primera catedral gótica de Castilla, parecida a la de Ávila. Y lo mejor es que es uno de esos edificios que no se termina nunca, así que se pueden observar otros estilos por todas partes. A mí lo que más me llamó la atención fueron las vidrieras, que son súper modernas y que me gustaron mucho. Pero parece que a las personas mayores sólo les interesan las que tienen tantos años como ellos, aunque sean más feas. También me hablaron de pasadizos que salen de la catedral y se extienden por toda la ciudad antigua, pero que son inaccesibles… eso puede querer decir que no los hay, que sólo es una leyenda y por eso no podían enseñármelos.

Otro monumento, el que más ruido hace, es la Torre de Mangana, que es el emblema de la ciudad. Es una torre del siglo XVI que se construyó sobre las ruinas del antiguo Alcázar y es el reloj municipal, porque eso es lo que significa mangana en árabe: máquina, refiriéndose a la del reloj. Y esta torre también tiene una leyenda sobre unas brujas… pero esa no me la quisieron contar.

Y la comida
A la hora de comer, Cuenca también me gustó mucho, porque hay variedad de cosas para elegir. Hacen platos muy tradicionales, como los de mi abuela. Yo comí chuletas de cordero, papá morteruelo y mamá migas. Pero también había caldereta, trucha, conejo, judías blancas… y zarajos recién hechos, que eso dicen que no lo hay en cualquier sitio. Para el postre tenían rosquillas fritas, torrijas de leche y alajú, que es lo que más me gusta. Se parece a una torta de nueces y miel que viene entre dos obleas. Y además, mis padres tomaron Resolí: aguardiente que olía a café. Mis padres se chuparon los dedos y el camarero me regaló un tarro de miel de la Serranía de Cuenca.

Nosotros estuvimos un fin de semana sólo y casi no nos dio tiempo a verlo todo, pero en el hotel nos dijeron que fuéramos a la oficina de turismo y allí me regalaron una piruleta enorme y a mis padres les dieron un libro con 25 escapadas para viajar con niños por toda Castilla La Mancha. Así que me han prometido que iremos a la Serranía de Cuenca, a por más miel, a la Reserva Natural de El Hosquillo a ver osos y lobos, a las Lagunas en la Cañada del Hoyo y las Torcas en Los Palancares, porque dicen que el agua cambia de color, a ver la verdadera Ciudad Encantada y también a Buendía, a ver la Ruta de las Caras, que están talladas en las piedras de la montaña… todo como si fuera un cuento. Así que ahora que viene el buen tiempo, me voy a portar muy bien, para volver pronto.


Cómo ir

En coche. Si se viaja desde Madrid hay que tomar la autovía A3 en dirección a Valencia, hasta Tarancón, donde se enfila la nacional N-400 hacia Cuenca.

En tren. El trayecto Madrid-Valencia de Renfe tiene parada en Cuenca, en ambos sentidos, al menos cuatro veces al día. El precio no llega a 12 euros y la estación es bastante céntrica.

En autobús. La empresa Auto-Res cubre el recorrido Madrid-Cuenca, con parada en Tarancón. La estación también es muy céntrica. Los precios varían en función del horario, pero es mucho más económico que el tren.

Vista de Cuenca

Casa colgante en Cuenca

Catedral de Cuenca

Fachada del Ayuntamiento de Cuenca

Atardecer y escaleras en Cuenca

Escapadas con niños en Cuenca