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Sobre ruedas hasta Rocamadour

 

ALBERTO PERAL

¿Te imaginas una carretera donde el asfalto esté impecable, donde los peraltes sean perfectos? Y lo más importante: donde no hay radares ni policía escondida tras los setos. No es un circuito, es lo que encontramos en el sur de Francia, donde la “seguridad vial” no es una cuestión recaudatoria, los coches son amigos y comparten la carretera entendiendo que hay vehículos más ágiles y con otras prestaciones.

Iniciamos la ruta en Cahors, a unos 120 km al norte de Toulouse, en el departamento del Lot, lugar en el que podemos encontrar motos de alquiler de todas las cilindradas a precios competitivos. Es decir, que no tenemos que llegar desde España con la nuestra. Merece la pena visitar el casco antiguo de la ciudad, que forma la península del río Lot, y rodearla en moto por la carretera paralela al río. En Cahors dejaron su estampa los innumerables pueblos que pasaron por ella: romanos, visigodos, musulmanes o lombardos debido a su posición estratégica y a la navegabilidad del río. Así, salimos por Avenue Mermoz-Collinot, desde donde tenemos una preciosa vista del puente Valentré, una maravilla de la ingeniería civil del siglo XIV. Cruzamos el Lot por la D820 y salimos de la ciudad, aquí podemos encontramos con muchos grupos de moteros, destacando especialmente las motos “ruteras” de alta gama. Empieza lo bueno.

Tenemos 25 km por la D820 de asfalto como una alfombra, peraltes perfectos y conductores civilizados, lo que hace que podamos deleitarnos con el paisaje. Los robles jalonan la carretera. Se suceden los cambios de rasante y las curvas en una vía donde no hay rectas de más de 200 metros. No conviene emocionarse abriendo gas, porque nos podemos encontrar tractores u otros vehículos agrícolas en los cambios de rasante, todo hay que decirlo, bien pegados al arcén derecho circulando a la velocidad permitida. Es un lujo disfrutar por una carretera del primer mundo.

Atravesamos Saint-Henri, Saint-Pierre-Lafeuille y Montcouitié. Hacemos la rotonda (este es el país de las rotondas) del desvío a Francoulès y giramos a la izquierda continuando por la D820. Conviene vigilar el retrovisor porque llegan algunas deportivas muy rápido. Aunque te eches a la derecha, debes indicar con el intermitente que pueden pasarte. Te lo agradecerán sacando el pie y nunca te adelantarán abriendo gas a tope, en curva o pasando muy cerca de ti. ¿No es un gustazo circular así? Cruzamos el pequeño pueblo de Pelacoy  y llegamos al desvío de Mechmont. Continuamos por la D820, donde tenemos una curva a la derecha en bajada de 1,5 km, con visibilidad perfecta. Abrimos gas. Todo el que queramos. Pasamos por debajo de la autopista A90 dos veces. Estamos llegando al desvío. Tomamos como referencia un viejo molino de viento en el margen derecho de la carretera y giramos a la derecha en la D677. Nos quedan 8 km para el avituallamiento. Atravesamos Murat y, llegados a Labastide-Murat, hacemos una parada para comer.

Las especialidades son pato y paté, aunque, por increíble que parezca, también tienen canard y foie. Haz caso a las recomendaciones del camarero, porque en la Francia gastronómica el más tonto hace relojes y te encuentras pequeños pueblecitos con restaurantes aptos para la Guía Michelín. O michelines. Eso sí, los platos tardan lo suyo porque se elaboran uno a uno según los pides y hasta que no te recogen un plato no terminan el siguiente para que esté todo en su punto. Esto no es menú del día, ni rancho de la mili, que es lo que se estila 300 km más al sur. Hay que advertir que la calidad se paga.

Con 2 horas y 2 kilos de más reemprendemos la marcha. Continuamos por la D677 dirección Gramat. Más curvas nos esperan con la carretera siempre flanqueada de árboles y, tras ellos, inmensos campos de cosechas. Cruzamos Goudou, Larcher, la  D802 y nos adentramos en la D807, que es como pasa a llamarse la carretera, aunque no hay que desviarse. Atravesamos Le Bastit y Péchaud antes de llegar a Gramat. Debemos girar a la izquierda dirección Roumégouse para coger la D840. Está perfectamente señalizado. Pasado Roumégouse giramos a la izquierda por la D36 para llegar a Rocamadour. Es una carretera secundaria para acabar en un pueblo muy turístico, lo que no se entiende muy bien. Baches y líneas en el suelo sin pintar, así que precaución. La visita ha merecido la pena: Rocamadour es espectacular. Excavados en la roca, la iglesia y los altares nos transportan a otro tiempo. Es tanto lugar de peregrinaje en sí mismo (por su famosa virgen negra) como punto de paso en el camino de Santiago, por lo que bastones y conchas nos acompañan en nuestra visita.

Iniciamos la vuelta a Cahors, ya de un tirón. Los más osados pueden realizar el regreso por la D32, que es una carretera estrecha y endiablada que corre paralela al acantilado de la cordillera de la que venimos. ¿Los demás? Por donde han llegado. Ambos caminos acaban en la D807, ya que sólo nos hemos separado 20 km. Volvemos por la D677 y cruzamos con añoranza el paisaje y los pueblos que encontramos a la ida:.Goudou, Larcher, Labastide-Murat (¡que rico el pato!) y Murat hasta la D820, donde giramos a la izquierda. Le Pouzat, Pelacoy y Montcoutié. Conviene hacer caso a las señales, en esta carretera, como en el resto de Francia, el límite de 50 km/h significa que hay que “ir a 50”, porque a 70 km/h es peligroso. No como en España, que se tiran señales recortadas en papel sobre un mapa y donde caigan se colocan en la carretera. Y las distancias de la señalización son correctas. ¿Asombroso? Saint-Pierre-Lafeuille, Saint-Henri y llegamos a Cahors. En esta ocasión no entramos directamente, sino que continuamos por la D820, rodeando Cahors hasta llegar a la D920a. No nos queremos perder un puertecito recién asfaltado con unas curvas enormes, de un radio de un kilómetro y bien peraltadas, que hacen que si nos apetece despedirnos de la ruta abriendo gas podamos hacerlo en la medida que nuestra habilidad, nuestra moto y nuestras ganas nos permitan. Llegados a la D920a, giramos en la rotonda a la izquierda y llegamos a Cahors.

¡Ha llegado a su destino!

Han sido 140 km de curvas, asfalto en buen estado, señalización correcta y ausencia de radares. Y lo más importante, buena comida y compañerismo con los demás conductores (no sólo moteros). Todos prometemos volver.

No olvides que

Para alquilar una moto en Francia no hace falta tener más de 2 años de carnet. Te la entregarán sin limitar.

No adelantes a motos que no te hayan indicado su disponibilidad haciéndotelo saber con el intermitente de la derecha. Si quieres puedes agradecérselo sacando el pie, ellos siempre lo hacen.

Respeta la señalización. Los límites de velocidad en cada tramo o en las curvas están colocados correctamente.

Equipamiento: el casco

Se popularizó a principios del siglo XX, debido a la propensión de la cabeza a sufrir lesiones en los accidentes de moto. Es obligatorio (debe estar homologado) y es fundamental para la protección del motorista. Hoy en día la seguridad prima junto con el diseño y gracias a los constantes avances de las nuevas tecnologías, los materiales son mucho más resistentes, ligeros y con una gran capacidad de absorción de impactos.

En el mercado existen distintos tipos: integrales, semi-integrales, modulares, jet y semi-jet. Los integrales son los más seguros y los recomendados por todas las asociaciones de motoristas incluyendo a la Fundación de RACC Automóvil Club.

Probamos: Shark RSF-3 - Prueba patrocinada por Zacatín

Llegaba con buenas referencias al ser uno de los cascos más seguros del informe Sharp (equivalente al EuroNCAP en coches). ¿Cómo se comportaría en carretera? De entrada sorprende lo poco que pesa, su apariencia robusta engaña. Y al ponérnoslo cuesta que entre, como tiene que ser, hasta que lo vamos dando de sí en el mullido interior. En carretera nos aísla casi completamente del ruido, debido a que se cierra mucho en la zona del cuello y el barboquejo nos elimina el incómodo viento que se cuela por debajo. A los 100 km ya lo hemos dado de sí y lo ligero que es hace que podamos llevarlo puesto muchos kilómetros sin fatiga.

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