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Chichen Itza, las profecías mayas

 

PALOMA GIL

Los mayas. Conocedores del tiempo cósmico, profetas del futuro y una de las civilizaciones más apasionantes de la antigüedad. La cultura, la ciencia, la religión y el arte maya están basados en una estrecha relación con el Sol. El Sol, Kinich-Ahau, era el medio a través del que podían comunicarse con Hunab-Kú, la deidad omnipresente que nos contiene a todos en su interior, como un universo. De hecho, creían que su corazón y su mente encajan curiosamente, con el centro de nuestra galaxia, con lo cual nuestro astro rey, era el medio perfecto para entrar en comunicación con el dios.

Su nombre “Maya” procede de la palabra “mayab” que hace referencia al lugar principal de su enclave geográfico, la península de Yucatán. Sin embargo, fueron un pueblo que habitó un territorio muy amplio, desde el sureste mexicano: Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y, por supuesto, Yucatán, hasta Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador. Y que se extendió a lo largo de unos 3.000 años. Así que no se trataba de un sólo estado, ni de un país como lo entendemos ahora, sino de una especie de raza, es decir, tenían muchas cosas en común, pero había otras que los diferenciaban, como la lengua, ya que hay más de 40 dialectos mayas distintos. Tampoco tenían un ordenamiento jurídico común, ni un ejército. Cada pueblo se encargaba de sí mismo.

Construyeron sus ciudades, los enclaves ceremoniales, las famosas pirámides y allí dejaron constancia grabada en las piedras de sus mensajes y profecías sobre el tiempo, los recorridos solares, lunares, astronómicos en general y también, el camino que debía seguir el ser humano hacia el crecimiento y la paz interior.

Fue una de las más importantes culturas de la Mesoamérica precolombina y arrojó un inmenso legado científico y astronómico a nivel mundial, sin embargo, también hay que remarcar que ni conocían la rueda ni tampoco la fundición y aleación de metales, lo que retrasó mucho su desarrollo en aspectos como la arquitectura. Las matemáticas son un tema debatido, ya que para unos su aportación fue enorme por ejemplo introduciendo el complejo concepto de cero, mientras que para otros, el sistema vigesimal (en potencias de 20) resulta demasiado complicado para ser realmente útil. Además, como todo lo importante, estaba reservado a una élite de sacerdotes e iniciados.

Chichén Itzá

Pero centremos un poco nuestro interés en un punto concreto: Chichén Itzá. Una de las más grandes ciudades de la cultura maya, que se encuentra en la península de Yucatán. Esta ciudad está a sólo 117 km de Mérida (capital del Estado de Yucatán) y su nombre, en maya, significa “la boca de los cenotes de Itzá”, una traducción que viene de la unión de todas sus palabras: chi (boca), chen (pozo), itz (mago, mágico) y a (agua). Un cenote es un  pozo natural o una poza que suministra agua a la ciudad. Fue construida a principios del siglo VI d.C. como centro de peregrinación a lo que vino a llamarse “el cenote sagrado”, donde se ofrecían sacrificios al dios de la lluvia, Chac. Después la abandonaron a mediados del siglo VII y volvieron a reconstruirla a comienzos del VIII convirtiéndola en el centro de la cultura maya. Los itzaes fueron conquistados por los toltecas, quienes le dieron un mayor auge. Y nuevamente fue abandonada en el siglo XIV por motivos que aún hoy se desconocen.

Recorrer esta ciudad y sentirse, aunque sólo sea por un momento, parte de otro tiempo, ya que resulta una experiencia indescriptible. El conjunto de edificios es bastante amplio y, desde la entrada, lo primero que encontramos es el Castillo. También conocido como pirámide de Kukulcán: está en el centro de una gran explanada y se puede ver casi desde cualquier punto. Debe de ser mausoleo, pues contiene varias tumbas. Cuadrada, con las cuatro fachadas decoradas con serpientes y tigres. Las cuatro escalinatas tienen 91 escalones cada una, que sumados son364, más el escalón de la entrada del templo superior, equivalen a los 365 días del año.  La escalera principal, orientada al norte, es la que tiene una balaustrada con forma de serpiente, que baja hasta convertirse en el dintel de la puerta con la colita de cascabel y su cabeza emplumada (el dios serpiente) está en el suelo. Aquí es donde puede observarse el mágico Equinoccio del que hablaremos más adelante.

A la izquierda, está el Templo Jaguar, cuyo nombre proviene de la secuencia de jaguares tallados al frente, haciendo referencia a la orden de los caballeros tigre. Es una de las estructuras que conforman el Juego de Pelota como un todo. Y es que, para los mayas, se trataba de juegos sagrados, de hecho en Chichen Itzá, podemos disfrutar de la cancha más grande y mejor conservada de Mesoamérica. En tres de sus lados hay templos en los que se llevaban a cabo ciertos rituales durante los juegos. Se pueden apreciar los aros de piedra incrustados en el muro de forma vertical y, al parecer, había que colar la pelota de un lado hacia otro, sin utilizar los brazos ni las manos. Lo más impresionante de  este punto es su acústica. Y tampoco os podéis perder el pequeño templo del Hombre Barbado, sobre el que hay cientos de leyendas y cada uno puede aventurarse a dar su propia explicación.

Frente a este recinto está el Tzompantli (muro de calaveras) que no puede ser más que un vestigio de la crueldad de la guerra. Tiene forma de T y su base sostiene tres tableros decorados con calaveras, divididos entre sí por molduras. En total hay 500 altorrelieves de calaveras. Y justo al lado, la Plataforma de Venus, un monumento cuadrado con escalinatas en todos sus lados y decorado con estrellas grabadas en las esquinas, que  podrían representar al planeta Venus y de ahí su nombre.

Un poco más al norte, se abre el camino ceremonial que lleva al cenote sagrado, la poza que mencionaba anteriormente. Tiene un diámetro de 60m de diámetro y 13m de profundidad. Aquí se celebraban los ritos y ofrendas al dios Chaac, el de la lluvia… al que obsequiaban con valiosos objetos (que arrojaban al pozo) y doncellas nobles vestidas con las ropas ceremoniales, mancebos guerreros e incluso niños. Aunque en ocasiones, lo que se sacrificaba eran los prisioneros de mayor categoría. Todo ello para cumplir una profecía que prometía que un día, regresarían vivos.

Continuando el recorrido, a la derecha del Castillo, están el Templo de los Guerreros, el Grupo de las mil columnas y el Mercado. De hecho, el primero forma parte del segundo y está decorado con guerreros, águilas y jaguares que devoran corazones humanos en su interior y con representaciones del dios Chaac y de Kulkulcán saliendo de  la boca de una serpiente emplumada, en su exterior. La parte superior, que también se puede visitar, guarda más de una sorpresa al visitante… a lado opuesto tiene un pequeño templo conocido como el de las grandes mesas. La plaza de las columnas mide más o menos 150m cuadrados, en las que hay 16 columnas por hilera, excepto la primera que sólo tiene 15, con lo que al final mil columnas no hay, pero ya se sabe cómo van estas cosas… Mientras que el mercado, puede parecer cualquier cosa menos eso, pero lo era. Una inmensa explanada, rodeada de pequeñas columnas o pilares redondos, alternados con pilastras que, parece que debieron sostener un techo de bóveda. Además cuenta con un pequeño patio interior, con las 24 columnas más altas de la zona.

Así termina la primera parte del recinto, bordeando el Cenote Xtoloc (el que abastecía a la ciudad de agua, templete incluido), llegaremos al osario, también conocido como Tumba del Gran Sacerdote, que es una pequeña réplica del Castillo, pero a menor escala y en la que se han encontrado varias tumbas. Lo más significativo sin duda, es la abertura del piso superior que lleva a una escalera que a su vez, terminaba en un larguísimo túnel, “el umbral entre el mundo de los muertos y los vivos” aunque en realidad no era más que un túnel subterráneo, de varios kilómetros que conectaba Chichén Itzá, con otra ciudad maya.

Frente a este templo tan enigmático, está el Templo del Venablo, cuyo nombre se debe a una pintura que tuvo en tiempos... A un lado de la plaza, entre la maleza se pueden vislumbrar vestigios de lo que pudieron ser otro templos semejantes. Al otro aún se mantiene el Chichanchob, uno de los mejor conservados de esta plaza. La franja roja en la base de la fachada le dio su nombre (casa coloreada). En su interior hay una inscripción que dice “final de uno tun”, que según su calendario es el año 850 d.C. y nos da idea de su antigüedad.

El edificio que se encuentra en el centro y que es el más grande de esta plaza, el observatorio astronómico, conocido como “El caracol”… os imagináis que es por su forma de espiral. Es una gran torre circular asentada sobre una plataforma y recuerda a los observatorios modernos. Desde allí los mayas, estudiaban el universo y hacían sus predicciones, una herramienta tan perfecta que aún hoy, durante los equinoccios, se pueden observar el alineamiento de los astros por las ventanas del caracol. Junto a este edificio hay otro que parece una iglesia y por eso le dieron ese nombre. No tiene mucho misterio, sólo su apariencia y las figuras de los bacales (los 4 sostenedores del cielo). También al lado está la conocida como Casa de las Monjas, que tiene un montón de pequeños cuartillos, que se parecen a las celdas de las religiosas. Aunque, al parecer, eran habitaciones para realizar conjuros y ofrendas  a los dioses de la lluvia anteriores a Kukulcán. El friso del anexo este del edificio se considera el más bonito y el más llamativo de todo Chichén Itzá, por la escultura de un personaje sentado, con los brazos cruzados sobre el pecho y un penacho de plumas. Por último, el Akab Dzib, el templo de los retablos, que a pesar de su aspecto sencillo, en su interior guarda las impresiones de manos en color rojo, simbolizando a Kabul, el dios de la bóveda celeste.

El descenso del dios. El equinoccio

Desde hace varios siglos este fenómeno conmueve a todo aquél que lo contempla. Cada 21 de marzo y 22 de septiembre (entre las 14:00 y las 17:00h.), el dios-serpiente vuelve a descender la escalera norte de la pirámide de Kukulcán, el Castillo, gracias al juego de luces y sombras que proyecta Kinich-Ahau sobre el edificio y, aunque no es más que una ilusión óptica, tiene un halo mágico que lo envuelve todo.  En realidad, aprovechando el hecho de que el sol ilumine los dos hemisferios por igual durante un corto período de tiempo, la sombra de las nueve plataformas del edificio se proyecta de tal forma que aparecen siete triángulos isósceles que parecen una serpiente en descenso.

El calendario maya

Para medir el tiempo, los mayas utilizaban dos calendarios, el Haab, que era de uso civil, con 18 períodos de 20 días y 5 días más que ajustaban los 365 días del año. El otro era el Tzolkin, de uso religioso (20 períodos de 13 días). También tenía otro que llamaban “la cuenta larga” que contaba los días desde el inicio de los tiempos, los suyos, por supuesto, el 13 de agosto de 3114 a.C.

Actualmente se sigue empleando el calendario Tolkin como una herramienta de autoconocimiento y mejor entendimiento de lo que nos rodea. Es como una carta astral mucho más exacta, basada en la idea maya del tiempo circular y no lineal, que nos permite dar respuesta a preguntas fundamentales de la vida, metafísicamente hablando, con el fin de alcanzar la felicidad espiritual plena.

Las profecías

Por otra parte, los mayas dejaron constancia de, al menos 7 profecías, la segunda de estas hace referencia al eclipse de agosto del 91, una tercera a la ola de calor que asolaría el planeta, como consecuencia la cuarta dice que los polos se derretirán, la quinta habla de un cambio en la sociedad y el abandono de los sistemas basados en el miedo. La sexta anuncia la llegada de un cometa que podría colisionar con la tierra si no lo evitamos.

Pero las que nos interesan son la primera y la última. La primera predice el fin del mundo de odio y materialismo y con ello el final del miedo, cuando termine el ciclo de 1.872 millones de días (5.128.767 años) de su “cuenta larga” (el ciclo de tiempo que termina con ese número basado en su sistema vigesimal de potencias). Ese ciclo terminaría las noche del 22 al 23 de diciembre de 2012. Y la última profecía otorga un tiempo de 13 años, de 1999 al 2012 para ascender espiritualmente y que la humanidad cambie su conciencia y su actitud para evitar que la galaxia invierta su polaridad y entonces ocurran todas estas cosas que mencionábamos antes.

Lo interesante de este asunto es que todo el mundo parece haber olvidado que los mayas entendían el tiempo de forma cíclica, circular y no lineal, entonces, lo que ocurrirá la noche de 22 de diciembre de 2012, será algo como poner todos los contadores a cero y volver a empezar, de tal modo que se podría entender que estas profecías hablan de esos días antes de noche vieja, en los que todo el mundo hace examen de conciencia para comenzar el año, en este caso el nuevo ciclo, de la mejor manera posible y no con esa ristra de promesas que acaban cayendo en saco roto.

Cosas que hay que saber

El tipo monetario de cambio es más o menos de 20 pesos por cada euro.

La comida no tiene porqué ser picante, se puede pedir comida normal y en caso contrario reclamar. La comida suele ser extraordinariamente picante, sobre todo, para los extranjeros así que haced valer vuestros derechos.

El tiempo es relativo, los horarios no están contemplados en el modo de vida de los mexicanos así que recomendamos paciencia en todos los sentidos de la palabra. “Ahorita” viene a ser, que van a tardar y “ahorita mismo” es más o menos que no lo van a hacer.

La vida empieza muy pronto por la mañana y se termina bastante pronto por la tarde, se mueven, igual que los mayas, con el sol, no obstante madrugar no cuesta demasiado gracias al cambio de hora.

Los precios de las cosas cuando no se trata de establecimientos regulados, son más bien orientativos.

Tienen graves problemas de higiene con el agua, porque la almacenan en grandes tanques sobre las casas y el agua estancada se pudre. Nadie bebe agua del grifo, pero la comida se suele cocinar con ese agua, por lo que antes o después la “maldición de Moctezuma” (diarrea) caerá sobre el viajero. Preguntad en vuestra farmacia antes del viaje.

El clima es misterioso, como todo el mundo sabe en verano hace frío y en invierno calor, pero el tema de las lluvias en verano funciona a partir de las 5 de la tarde. A esa hora se desatan chubascos como diluvios, luego para y vuelve a salir el sol. Durante ese tiempo hay un despliegue asombroso de venta de paraguas y chubasqueros amarillos.

La seguridad se circunscribe a la ostentación de riquezas que haga el viajero y a los lugares en los que se quiera mover. La policía no suele ser un recurso para nada, así que recomendamos ir siempre acompañados y ser prudentes.

El tequila con sal y limón es una memez, allí se toma acompañado de un zumo rojo, peculiar, salado y un poco picante, que se llama “sangritas”. La medida viene a ser dos chupitos y se llaman “Caballito”. Con sal y con limón, se toma la cerveza, que se llama “Michelada”. Otros licores interesantes son el mezcal y el pulque, el vino ni tocarlo.

Cómo ir

En avión: existen aerolíneas locales y privadas que vuelan desde Cancún (Quintana Roo) directamente a Chichén Itzá en algo más de una hora.

En autobús: hay un bús que sale desde la terminal de autobuses de Cancún a las 9.00 horas (aproximadamente). El trayecto dura entre tres horas y media y cuatro. Y el billete cuesta un poco menos de 8 euros por persona.

En coche: indudablemente se puede viajar en coche porque hay carreteras o algo parecido, pero no es la forma más recomendable de hacerlo ni, en ningún caso, es una buena idea aventurarse uno por su cuenta, en según qué lugares. No obstante, se puede hacer. Desde Cancún o Rivera Maya hay que seguir las indicaciones a Valladolid, de Kaua a Pisté y después seguir dirección a Chichén Itzá. O bien, desde Mérida se coge la carretera 180 hasta Pisté y el camino es el mismo. También advierto que el tema de las indicaciones es una cuestión de fe y de buena suerte.

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