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"Nueva York es el bar de la Guerra de las Galaxias"

Guillermo Fesser en la puerta de la Fundación Gomaespuma

Guillermo Fesser en la puerta de la Fundación Gomaespuma.

ALBERTO PERAL

Guillermo Fesser es bien conocido por ser uno de los integrantes del dúo Gomaespuma, que tantas risas ha provocado desde la radio española. Su otra mitad es Juan Luis Cano. Lo que poca gente puede saber es que Fesser también tiene una vena literaria, cinematográfica y filantrópica. Ha escrito y dirigido el guión de la película Cándida y ha colaborado en el guión de El milagro de P. Tinto o La gran aventura de Mortadelo y Filemón, entre otros. También ha escrito recientemente el libro A cien millas de Manhattan...

“A cien millas de Manhattan”. ¿Qué es? ¿De qué trata?
“A cien millas de Manhattan” está el secreto mejor guardado de Nueva York  para los europeos y especialmente para los españoles. En general, para el español es simplemente una ciudad. Ni si quiera eso: el barrio de una ciudad, una isla en la desembocadura del río Hudson y ahí se termina.  Por eso, a cien millas de Manhattan es lo mismo que decir “a una hora y media de tren”, detrás de los rascacielos, donde hay un bosque inmenso, que tiene tantos animales y tan distintos que sólo con fijarte en los que han pillado los coches en la cuneta ya puedes hacer un master en biología. Y también es una manera de conocer los Estados Unidos de verdad: montándote en un tren. Porque Manhattan es un espejismo dentro de una realidad.

¿Más hablando con la gente que viendo las fotos?
Bueno, la gente de la ciudad de Nueva York y la gente de los pueblos son muy parecidos. Los norteamericanos tienen las mismas costumbres, lo que pasa es que la mayoría son de pueblo, de ciudad son muy pocos. En Estados Unidos hay ciudades grandes como Seattle, Los Ángeles o Chicago, pero la mayoría de los casi quinientos millones de humanos que están por allí, censados y sin censar, son de pueblo, entre 3.000 y 8.000 habitantes, muy dispersos y en casitas de madera. Por eso el norteamericano en general conoce muy bien la naturaleza.

Mientras que aquí, la gente es de ciudad y a los de los pueblos prácticamente se les tacha de paletos. Y eso es porque en Europa la gente de los pueblos emigró a las ciudades y en Estados Unidos la gente emigró a donde le dio la gana. Tú puedes vivir en un pueblo muy pequeñito y, sin embargo, uno de los tíos que tiene botas de leñador, camisa de leñador y gorro de leñador es el que ha inventado el código de barras, porque ahí mismo está el laboratorio más puntero de IBM en investigación.

Y la mayoría de las veces ni siquiera es la capital la gran ciudad…
No, las capitales son un lío. En Estados Unidos aprenderse las capitales es muy lioso porque las han puesto justo en los sitios en los que tú no miras, para despistar. Por ejemplo, en el estado de Nueva York, la ciudad más grande es la de Nueva York y, sin embargo, la capital es Albany, que es una ciudad bastante pequeñita, tipo Segovia. Cuando se decide que tiene que haber una capital en el Estado, Albany era el puerto ballenero más importante del mundo. Entonces, ¿qué ocurría? Pues que tú pescabas la ballena, pero te la podía quitar el de enfrente, porque estaban en guerra, así que los norteamericanos pescaban la ballena, la arrastraban, la metían por el río Hudson, la subían hasta lo más arriba que podían, que era Albany, y ahí la pelaban, le daban la cola a uno, la aleta a otro y el aceite para las lámparas.

¿Por qué te fuiste a vivir a Nueva York?
Yo no me fui a vivir a Nueva York, me fui al pueblo de mi mujer, que es de Nueva York y está a cien millas de Manhattan. Yo llevaba haciendo radio 20 años y quise hacer un parón para escribir una película (Cándida) y retirarme al pueblo de mi mujer, porque yo no soy de pueblo, soy de Madrid, y aquí no me podía retirar. Mientras escribía la película empecé a ver una América que no era exactamente lo que yo me imaginaba y de todo lo que me llamaba la atención pues iba tomando notas. Sin saber muy bien para qué... Años más tarde esas notas las he juntado y se ha formado este libro.

¿La última escena de Cándida está rodada allí?
La última escena de Cándida está rodada en el pueblo de mi mujer: Rhinebeck. De hecho, como estaba escribiendo la historia de Cándida en ese pueblo y ya estaba tan metido allí, pues terminé la historia en Rhinebeck.

¿Cuáles son las costumbres más extravagantes que te has encontrado en tus viajes?
A mí las costumbres de las gentes de otros sitios me han sorprendido más que otras, pero cómo yo iba preparado de serie para sorprenderme, pues yo creo que las he asimilado bastante bien. Siempre me ha sorprendido bastante más la incapacidad de alguno de los turistas para comprender lo que hacen otros. Es decir, me ha sorprendido más el español que buscaba albóndigas o tortilla de patata en Calcuta.

Yo creo que un hierbajo es simplemente una planta decente, honrada y natural, colocada en un sitio que no le corresponde. Cuando ese hierbajo tú lo colocas en su país de origen es una planta cojonuda y tiene una flor magnífica. Pues cuando vas de viaje no ves hierbajos son cosas que a lo mejor serían raras aquí, pero allí son naturales, con lo cual no te sorprendes.

¿En qué momento has dicho “eso no me lo como”?
Lo he dicho varias veces. Aunque la mayoría me lo he comido. Pero la última vez que he dicho “yo no me lo como y no me lo como” fue en Teherán (Irán). Hay una cadena de desayunos, que se llama, traducido al español, “cabezas de cordero”. Entonces, en uno de estos restaurantes había encima del mostrador muchas cabezas cortadas y luego ollas de tamaño bastante grande con agua hirviendo. En ellas meten esas cabezas hasta que la carne se despega del hueso y van apartando trozos, luego te sirven en un plato la lengua, los dos ojos y el cerebro.

Bueno, yo estaba allí con gente, con familia, con amigos y me parecía un desprecio no hacerlo, asi que me comí el cerebro. Me comí la lengua, que no me gusta nada, porque me parece que me estoy comiendo a mí mismo. Pero los ojos... los volví para el plato y se fueron. No les hinqué el diente: paso de comérmelos. Además una comida que te mira, es muy intrigante. Aunque también diré, independientemente de eso, que Irán es uno de los países en los que he comido mejor en mi vida. Y el pan, es espectacular.

¿Qué has echado de menos haber metido en una maleta en un viaje?
En cada sitio siempre pasa algo, pero normalmente es el calzado con lo que es más fácil estropearlo. A lo mejor piensas que te vas a un sitio muy exótico, te llevas unas botas y luego está todo el mundo en chanclas o al revés. Yo creo que el calzado es muy difícil de calcularlo, porque hasta que no ves qué animales pican y qué pasa y qué temperatura hace... además no puedes calcular igual para un día que para siete. Te vas al desierto con babuchas y hay determinadas zonas en que se te mete la arena y te estás quemando vivo. Ahora ya, cuando me voy a algún sitio, procuro llevar varias alternativas por si acaso.

¿Con quién te gustaría irte de viaje? Personajes reales o ficticios, vivos o no.
(Pensativo) Me gustaría irme con mi familia, porque tristemente la mayoría de los viajes tengo que hacerlos de forma profesional. Ahora He estado en un festival en Almería para la Fundación y me hubiera gustado compartirlo con la gente que quiero. En el trabajo, aprovechas y te metes en un mundo interesante, pero echas de menos lo otro.

Ahora, si hablamos de una cosa más elaborada, personaje histórico incluido, pues a mí me hubiera gustado irme con Jesucristo al desierto y que me contara cosas y tal. Porque ponía unos ejemplos muy buenos, pero sobre todo, lo que me gustaría hablar con él es cómo lleva el tema de ser hijo de famoso. Me hubiera gustado hablar con él de ese tema, cómo lleva él esto, porque claro, al ser el hijo de Dios, todo el mundo le diría “no, lo tuyo bien, pero tu padre...”. Me parece un tipo interesante.

¿Qué gente te has encontrado en algún viaje que te hayan hecho sentir como en casa?
Pues mucha, mucha. Pero yo diría que especialmente en Oriente Medio, todo lo que es el mundo árabe y llegando hasta la parte del Golfo Pérsico: la amabilidad y la hospitalidad de esas gentes es espectacular. Eso lo he visto en Mauritania, en Marruecos, en Jordania, especialmente en Irán. Y luego en América, todo el continente, desde la punta de Chile hasta el norte de Canadá, la gente es encantadora. Como allí llevan 500 [años] inmigrando y siguen inmigrando, pues son muy receptivos a todo el que llega. Además, en Nueva York es el único sitio del mundo donde te crees que los extranjeros son los otros en vez de tú. Porque todo el mundo que te rodea es mucho más raro que tú

¿Es cierto que el 45% de los censados neoyorquinos son nacidos fuera de Estados Unidos?
Pues sí, puede ser. Nueva York es todavía el bar de la Guerra de las Galaxias. Allí llega Nochevieja y si quieres lo puedes celebrar cantando alrededor de un pino, como todo el mundo se imagina que se debe celebrar en Estados Unidos, con una canción de Bing Crosbi... O se puede celebrar saltando de una cómoda a un sillón, tipo alemán, que te tiene que pillar el cambio de año en el aire, para la buena suerte. Es lo que tiene Nueva York, que depende de dónde caigas estás en un punto del mundo.

¿Qué lugar has conocido, que hayas considerado un buen sitio para vivir?
Yo a cada continente que voy me quiero quedar a vivir, claro que como nunca me quedo, pues no sé si luego me cansaré a la semana o no. Ahora mismo, de los sitios que conozco, independientemente del pueblo que menciono en el libro, Rhinebeck, al que voy a volver a ir dentro de poco y que me gusta mucho, creo que uno de los sitios más agradables para vivir ahora mismo en el planeta es Sicilia.

Sicilia es el Mediterráneo en estado puro, tiene todavía playas vírgenes, con pinos que tocan un Mediterráneo que está transparente, de un azul cristalino, se come que te mueres, es todavía barato. Y luego tiene la ventaja de que no tiene autopistas, es todo carreteras. Tardas un rato, pero mola hacer las curvas.

La Fundación Gomaespuma ¿en qué consiste?, ¿qué abarca?, ¿cuál es el objetivo?
Es una fundación que se dedica a intentar dar acceso a la escuela a niños de Nicaragua y de Sri Lanka. En este último caso porque llegamos allí como periodistas, vimos el tsunami y nos dimos cuenta de que podíamos echar un cable. Y en Nicaragua, porque la directora de la Fundación es nicaragüense y nos presentó el proyecto.

El programa de radio comenzó a ser solidario en cuanto empezó a salir fuera. Nos dimos cuenta de que viniendo de un país desarrollado, con poco esfuerzo, con poco dinero, podíamos echar un cable. Allí donde íbamos de viaje, antes de llegar a un país, como por ejemplo Mauritania, nos enterábamos qué problema tenía, quiénes estaban intentado resolverlo, nos poníamos al habla con esas organizaciones y les decíamos “¿qué necesitáis?” y ya nos decían “pues necesitamos que nos traigáis gafas de sol, porque aquí la arena refleja el sol y la gente se quema la reina y tiene cataratas a los 16 años y se quedan ciegos”. Pues les llevamos gafas de sol y 2 cirujanos para operar de cataratas. Y veías al beduino, que llevaba sin haber visto nada 25 años y en tres días veía y... acojonante.

Pues eso fueron pequeñas campañas que empezaban y terminaban. Por eso creamos una fundación con la idea de permanecer. No tenemos ambiciones muy grandes, sólo que lo poco que hagamos sea efectivo. Por eso no tenemos proyectos propios, sino que, donde colaboramos, nos los presentan a nosotros.

Entonces con 10.000 euros abres un pozo y cambias la vida de miles de personas.
A lo mejor no de miles, sino de cientos. Pero bueno, estás salvando vidas y sobre todo, estás sembrando, porque esa agua de hoy hace que ese pueblo subsista y que se desarrolle. Es decir, que has puesto la simiente de un desarrollo, ya que esos 200 que has salvado hoy, pasado mañana serán 20.000, pero de otra manera.

La mitad de la población humana no tiene acceso al agua y mucho menos al jabón. Ese es el gran problema que tenemos. Más que la gripe mexicana y mucho más que otras cosas.

¿Qué viaje con la Fundación Gomaespuma te ha hecho crecer más como persona? ¿Ha cambiado tu visión sobre la gente?
Quizá el conflicto de Bosnia, la guerra civil en Yugoslavia, en Bosnia-Herzegovina. Por dos motivos, primero porque cuando vas a la guerra vas predispuesto a ver los horrores de la guerra. Entonces yo estaba viendo en plena guerra un río de color verde esmeralda, no he visto un río más bonito en mi vida, con un fondo de montañas nevadas y unas chicas de 2 metros, con unas piernas de bailarinas de Hollywood, pelo negro y ojos verdes... Y era como “¡qué chicas más guapas!”, “¡qué río más verde!” Y eso en guerra y destrucción. He hecho un estereotipo muy simplista, pero para explicar que el hombre se adapta a cualquier cosa, incluso en la guerra. Incluso en la guerra el ser humano sigue siendo ser humano. Esa es una buena lección.

Y lo segundo es que yo iba predispuesto contra los serbios, que eran los malos y me di cuenta de que los malos, como siempre, son los líderes de la gente y no la propia gente. Y es que por culpa de que “los serbios eran los malos”, la población civil serbia era la que más castigada estaba, porque no recibían ayuda internacional.

¿Cómo ayudar a la Fundación?

“Podéis colaborar apuntándoos a las actividades que hagamos: si hacemos un festival de flamenco, pues id, disfrutad del flamenco y vuestra aportación irá para allá; si hacemos un taller de magia, pues apuntaros al taller de magia, aprendiendo 3 trucos, el dinero irá para allá. Y si no, pues podéis hacer trabajo de voluntariado en tema de comunicación. Es decir, los proyectos están allí, nosotros no mandamos voluntarios porque es la gente del lugar la que lo hace. Nosotros les financiamos. Pero sí aceptamos voluntarios aquí, por ejemplo, Gomaespuma ha donado todo el archivo de los 25 años de programa de radio a la Fundación y ahora se está digitalizando. Pues hay gente que viene a digitalizarlo. Y ellos son voluntarios. O gente que ayuda y echa una mano en organizar los festivales y ese tipo de historias. Luego hay personas que no quieren hacer nada, pero quieren dar 50 euros: pues le damos la cuenta corriente y que los meta.”

“De forma más general, hay unas papelerías que se llaman Folder y que colaboran con nosotros. Tienen carpetas y cosas de papelería de Gomaespuma, que si las compras lo haces a beneficio de la Fundación. Y hacemos cosas puntuales, ahora vamos a poner en marcha, por ejemplo, con Ford, un kit personalizado de Gomaespuma que puedes añadir a tu coche. No tenemos una línea de cosas permanente como lo de Folder, sino que vamos haciendo campañas. Hemos hecho lo de Memorias de Gomaespuma, sacamos libros, sacamos historias. Va así, por temporadas, también se puede colaborar haciéndose socio, pero lo mejor es ayudar en los festivales y los eventos que hace la Fundación, apuntarse a los talleres de magia...”

A cien millas de Manhattan

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