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Alpes franceses: deportes de alta tensión

 

TEXTO Y FOTOS: ALBERTO PERAL

Lanzarte en tirolina, montar en bici o tirarte por un tobogán con un patín puede sonar a colonias o campamentos de verano para niños. Juegos infantiles. Pero si hablamos de hacerlo en los Alpes franceses, en la estación de Portes du Soleil, son palabras mayores. Porque la tirolina, que se llama Fantasticable, te catapulta a velocidad de moto y altura de avión. Y montar en bici consiste en descensos en BTT  con saltos de hasta 10 metros. ¿Preparados para soltar adrenalina en Rhône-Alpes?

El Fantasticable

1323 metros de longitud. 116 metros de desnivel. 240 metros de distancia al suelo. 120km/h de velocidad máxima. Sólo los números impresionan. Pero cuando estás en la plataforma de lanzamiento, asusta. Primero te preparan, como si fueras a la guerra: casco, gafas, un delantal como los de radiografista, con cuerdas a la espalda, arnés de seguridad. Que piensas “esta gente hace las cosas con cabeza”. Pero cuando llegas a la plataforma, y ves que el cable cruza el valle (y los Alpes no son precisamente planos) te preguntas ¿A qué clase de ser humano se le ha ocurrido esto? ¿A uno sin vello en los brazos, que se le pongan de punta? ¿Por eso no se dio cuenta de la que estaba preparando? Si pensabas que era una exageración coger dos telesillas de la estación de skí invernal para llegar a la base de lanzamiento, ahora lo entiendes todo. Y que paralelo al cable de la tirolina haya otro con bolas naranjas avisando a los helicópteros para que no pasen por ahí. Aún así, te preguntan si quieres desistir y bajar en el telesilla que te ha subido. En el fondo es el mismo proceso que el Fantasticable, pero sentado como una persona y a una velocidad humana. Pero no hemos llegado aquí para echarnos atrás. Los cobardes nunca tomaron los Alpes. Aunque fuera por el qué dirán.

Te inclinan hacia adelante, te amarran al cable de acero mediante un soporte metálico como el arma de mano de un Transformer, subes los pies en un palo como el columpio de un periquito en la jaula, aprietas los dientes, recuerdas que no has actualizado el testamento, das el OK y te sueltan. Los primeros metros son de susto y asombro. Respiras perfectamente, cuando creías que ibas a hiperventilar, coges velocidad y se abre para ti la espectacular vista del valle. No parece que vayas tan rápido como te han dicho, y el trayecto se termina rápido: unos 15 segundos. Llegas a la plataforma de meta, te retienen unas cuerdas de seguridad y te sientes un héroe. La persona que te recoge te pregunta que si todo ha ido bien, sacas pecho, respondes que sí y te dice “perfecto, ya puedes tirarte por la grande”. ¡Leches! ¿Esta era pequeña? Así que subes unos metros con el soporte-arma bien agarrado (¡Por si te ataca un oso por el camino!) Llegas a la segunda plataforma de lanzamiento, se repite el proceso, te sueltan y… este sí que impresiona. Los árboles se hacen pequeñitos, las personas se convierten en hormigas, y te sientes un pájaro, porque la sensación es completamente de planear, debido al “delantal” te sujeta desde el cuello hasta las rodillas. Si a los hermanos Wright se les hubiera ocurrido lo del cable, se hubieran olvidado de hacer aviones de madera y tela. Ya hubieran volado, literalmente.

Descenso en BTT

Olvida la BH de paseo con cestita de “Verano Azul”. Esto no es para aficionados. Las bicis son muy altas, tienen 3 amortiguadores, que piensas que son fuelles para hacer después la barbacoa. Los pedales quedan tan cerca del suelo que tienes que llevar los dos pies en horizontal, porque si llevas uno arriba y otro abajo (como toda la vida) tocarás en el suelo en las curvas. Incluso si fuiste de los que en sus tiempos mozos le daba al pedal, lo vas a pasar mal. O bien. Sobre gustos... Si no eres muy aficionado, no te preocupes, hay algún caminito de tierra muy sencillo que finaliza en una carretera de montaña poco transitada, por la que se puede bajar con total comodidad y tranquilidad.

Para los demás, empieza lo bueno. Las pistas se organizan por colores, igual que las de skí: verdes, azules, rojas y negras. Ya en las verdes, el nivel exigido es alto para el deportista ocasional: curvas cerradas, peraltadas hasta los 60 grados, enlazadas con sólo 10-15 metros entre una y otra, con cambios de pendiente muy pronunciados. Lo que en carretera de montaña se llaman horquillas. Si no estás fino, una piedra suelta hace que derrapes un poco, pierdas tracción y te vayas al suelo. Por eso llevas casco. Y guantes. Y coderas hasta la muñeca. Y rodilleras hasta los tobillos. Espada no, no me dieron. A medida que pasan los metros coges confianza y te dejas llevar. Te das cuenta de que hay una “velocidad mínima”, por debajo de la cual cuesta mantener la bici en el carril. Si la pista es demasiado fácil para ti, hay bifurcaciones para coger saltos, que llegan desde el metro y medio en las pistas verdes, hasta los 10 metros en las negras. ¿Te atreves?

Tirolina. Qué debes saber

No tienes que llevar nada. Te prestan el casco, el arnés, las gafas… hasta el gorrito de celulosa de hospital para debajo del casco.

Debes conocer tu peso. Aunque en el Fantasticable te pesan, en otras tirolinas no.

La prioridad absoluta es la seguridad, por encima de cualquier otra consideración. Tienes menos peligro que paseando por el campo, no te preocupes.

Debes saber que cuando te plantas en la plataforma de lanzamiento de la tirolina, asusta un poco. Si no estás seguro, no subas, no te tirarás. Incluso algunos que sí están seguros se echan atrás cuando llegan arriba.

Bicicleta y complementos

La bici se compone, como mínimo, de cuadro, manillar, puños, horquilla, ruedas (llanta, buje, cámara y cubierta), sistema de frenos (discos y/o tambores, manetas y cableado), cadena, sistema de cambio o marchas (platos, piñones, cambio, manetas y cabletado), conjunto de pedal (pedal, biela y eje de pedalier), sillín y tija. Dependiendo del tipo de rutas que hagamos, incluirán uno o varios amortiguadores, de distintas dureza (o regulables) según el tipo de trazado que recorramos.

Lo ideal es llevar tu propia bicicleta, por comodidad y por estar acostumbrado a ella. Pero transportarla en ocasiones no es fácil y siempre puedes alquilarla allí.

Las protecciones son imprescindibles. Cómo mínimo el casco, e iremos completando en función de la peligrosidad de la actividad, hasta acabar como un caballero medieval.

Cómo llegar

En avión. Hay vuelos directos a París, Ginebra o Lyon y desde numerosas capitales europeas, así como conexiones invernales con Chambéry y Grenoble. El Aeropuerto de Lýon Saint-Exupéry cuenta con 30 países y casi 100 destinos en vuelos directos y está a una hora de vuelo desde París-Charles de Gaulle. Mientras que el Aeropuerto Internacional de Ginebra, que está a sólo 2 horas de Lyon, conecta 104 destinos con vuelos directos, 80 de ellos en Europa y 24 en los demás continentes. Por su parte, el aeropuerto de Chambéry/Aix de Bains, sólo ofrece conexiones de temporada, entre diciembre y abril desde Dinamarca, Gran Bretaña, Noruega t Suecia.

En tren. Se puede llegar desde Bruselas y Londres. Hay 2 horas y cuarto hasta París y 5 horas de Lyon a Londres, pasando por Lille. Pero hay correspondencia con más de 100 destinos en toda Europa. Entre Lyon y Ginebra hay casi dos horas de camino.

Por carretera. Desde cualquier capital europea se puede llegar fácilmente, gracias a la excelente red de autopistas francesas. Des Lyon a Grenoble hay 129k.; de Lyon a Annecy, 163km.; de Lyn a Valence, 105km.; y de Lyon a Ginebra, 152km.

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