Alemania

Una Navidad diferente

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EVENTOS DESTACADOS

A finales de diciembre, las calles se visten de gala y se llenan de luces por toda Alemania. Con un poco de suerte, ha nevado y el contraste nos deja una auténtica estampa navideña.  Es el momento de abrigarse y salir a la calle a recorrer los numerosos mercadillos y disfrutar de la decoración con un delicioso vino caliente en la mano.

Berlín, la capital alemana, es uno de los destinos más navideños, por lo que no es de extrañar que sean muchos los viajeros que se animen a visitar esta ciudad durante las fechas navideñas. En este periodo, la ciudad no es precisamente barata y es por ello que son muchos los que prefieren alojarse en hostales Berlín. Páginas como Hostelbookers ofrecen alojamiento con una buena relación calidad precio, permitiendo a los viajeros disfrutar de muchas de las comodidades propias de un hotel a precios muy económicos.

El árbol de Navidad

Se cuenta que el primer árbol de Navidad decorado, apareció en Alemania hacia el siglo XVII. La intención era ambientar y dar calidez a la fiesta a pesar del frío invierno que asolaba el país. Así que en 1605 llenaron de manzanas rojas, pastas, panes de especias, rosas de papel de seda y lazos el primer abeto; en 1800 la idea gustó en Finlandia e hicieron los mismo, desde allí se extendió por el resto de los países nórdicos y en 1829, la costumbre cuajó en Inglaterra, donde el príncipe Alberto, el marido de la reina Victoria, pidió que se adornara el árbol navideño del castillo de Windsor. Esa fue la chispa que terminó de internacionalizar la original idea. O al menos eso es lo que cuentan los alemanes, quienes hace más de 600 años, ya decoraban las habitaciones con ramas de hoja perenne. De ahí la famosa corona de Adviento y después el arbolito.

Desde entonces los adornos del árbol han cambiado, evolucionado y variado hasta la saciedad.  No sólo se le han añadido luces y espumillones de colores, sino ángeles dorados, golosinas, regalitos, rafia y manualidades, pero sobre todo, adornos artesanales y, en el caso de Alemania, esto es mucho decir, porque fabrican figuritas de madera de todos los tipos o tamaños y esferas de vidrio soplado de lo más variopinto. Tanto las esferas como las figuras de madera constituyen un verdadero tesoro nacional y sólo verlas es ya un espectáculo.

Mercadillos de adviento

A finales de noviembre todas las ciudades alemanas se alfombran de mercadillos navideños en los que se puede encontrar prácticamente de todo. Acompañados de coros y músicos ambulantes que amenizan el paseo con canciones y villancicos.

Sólo en Berlín hay 60 mercadillos tradicionales repartidos por toda la ciudad. Se dice que uno de los más fascinantes es el de Gendarmenmarkt, el más nostálgico. Sin embargo, si uno se acerca con niños y quiere de verdad pasar un buen rato, puede ir directamente al “Mundo invernal en la Plaza dePostdam” donde encontrará numerosos puestos de artesanía, ideas para los regalos navideños, algunos puestos de comida y bebida, la fantástica pista de trineos de hielo  y una pequeña pista para que los pequeños jueguen al hockey. Otro mercadillo que marca una diferencia es el de Alexanderplatz, con pista de hielo, puestos de todo tipo, incluso alrededor del famoso reloj del mundo y, un poco más allá, una verdadera feria con atracciones, juegos y una inmensa noria que te regala una vista sobrenatural de todo el conjunto, eso sí, a una temperatura inhumanamente baja.

Pero eso no es todo, los hay más pequeños, más modestos, más tradicionales, más gastronómicos, más divertidos… como el de la calle Wilmersdorfer Straße junto a la Iglesia del Recuerdo del emperador Guillermo, el que está frente al Ayuntamiento Rojo o el más tradicional de todos, el de Charlotenburg, junto al palacio. Hay mercadillos para todos los gustos, llegando incluso a tener un mercadillo que no tiene nada que ver con la Navidad, como es el de Hanuka (Chanukka-Market) en el patio interior del museo judío. Es muy interesante, aunque tenga poquísimos puestos y haya que pasar por el calvario del control de seguridad para poder comprar una pirinola o tomar un plato de comida kosher, pero como experiencia es incomparable.

Y esto es sólo un ejemplo, porque por todo el país, hasta los pueblecitos más pequeños tienen su propio mercadillo de adviento, en el que se puede encontrar prácticamente de todo y a unos precios muy aceptables.

Comer y beber al aire libre

Los mercadillos navideños no sólo están repletos de artesanía o regalos, ni mucho menos, porque la Navidad es tiempo de comer y beber, sobre todo en un país en el que el clima no acompaña a la hora de salir a la calle y menos por la noche. Teniendo en cuenta que la noche empieza a las cinco de la tarde, la comida caliente y la bebida fuertecita son una obligación.

Adviento es tiempo de placeres culinarios.  Los olores se mezclan y se pasean por el aire dando un ambiente único… el olor de la Navidad. Empecemos por los perritos calientes, las hamburguesas improvisadas, salchichas de todo tipo, chucrut, arroz negro, guisos de carnes,  pizza, queso o embutido frío, puré de patatas, patatas fritas o rellenas, carne adobada, etc. etc. todo ello para ir abriendo boca. Normalmente para tomar allí mismo, sobre una mesa alta, de pie y con los amigos alrededor o para llevar, mientras uno sigue paseando por el mercadillo.

Una vez satisfechos, con un pequeño hueco, hay que buscar los dulces: Pan de especias, pastas con forma de adornos navideños, bollo de Navidad (Christstollen) ese que está rodeado de azúcar glas y es completamente blanco, mazapanes de todo tipo y forma, castañas asadas… un paraíso para los golosos. Son muy famosas las estrellas de canela, las pastas de mantequilla o coco, las galletas regionales que se hacen con manga pastelera (Spritzgebäck), como las de Printen de Aquisgrán o las Bethmännchen de Fráncfort, manzanas asadas, frutas cubiertas de chocolate o caramelo, frutos secos garrapiñados y un largo etcétera.

Capítulo aparte el vino caliente, el glüwein, el ponche navideño, el ponche de Kirch o simplemente la famosa cerveza alemana. Todo es bueno para entrar en calor.

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