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De compras con la tía Airie

Cuenta la leyenda que en el Franco Condado francés, había una dama que recibía en su cueva a los habitantes de la región que llegaban helados de frío. Allí les calentaba el corazón con mágicos prodigios y después les anunciaba milagros.

Los lugareños cuentan que vive en compañía de su hermana Zael, ambas hijas de un famoso druida de quien heredaron sus poderes mágicos y se aparece en las nevadas noches de invierno acompañada de su burro Marion para escuchar los sueños de los niños.

Con el viento del Este como aliado, la tía Airie, escuchaba los deseos de los pequeños y durante la Nochebuena, les enviaban regalos magníficamente envueltos a los que se habían portado bien. Mientras que los que habían sido malos, encontraban un hatillo relleno de ramas secas, en la puerta de su casa.

Este diciembre, como los últimos 20 años,  Montbéliard ha preparado una decoración navideña con luces que den cuerpo a esta leyenda. Así, la tía Airie paseará por las mágicas calles de la Ciudad de los Príncipes, vestida con un traje tradicional hasta llegar a su casita, donde recibirá a los niños para darles sabios consejos antes de recibir sus regalos.

Mercadillos navideños para todos

Francia no es muy famosa  por sus mercadillos, al menos no tanto como otros países del centro de Europa, sin embargo, es necesario destacar que a lo largo de todo el país hay cientos de mercadillos. Quizá sean un tanto desconocidos aún, pero realmente merece la pena conocerlos y, sobre todo, disfrutarlos.

Comencemos por la capital. París cuenta con algunos de los mercadillos más interesantes del país por ejemplo, el de los Campos Elíseos. Está en la calle desde el 19 de noviembre hasta el 3 de enero y se extiende desde la glorieta de los Campos Elíseos hasta la plaza de la Concordia, donde se encuentra la gran noria. Su emplazamiento es privilegiado por lo que al ambiente navideño hay que sumarle las magníficas vistas que se pueden disfrutar desde allí.  160 casetas para descubrir artesanía y gastronomía de todo tipo, atracciones para niños y actividades gratuitas para los mayores… hay quien dice que es el mercadillo navideños más mágico del mundo.

Otros mercadillos parisinos presentan las decoraciones y bolas de Navidad, marquetería de arte, confituras, pan de especias, mantelería, decoraciones Hansi, libros, bredele, bärewacke, dulces, chocolate, artesanía, alfarería, porcelana, cristal, telas, vinos, foie Gras, degustaciones de vino caliente, té de Navidad, etc. como el de la Casa de Alsacia, también en la avenida de los Campos Elíseos en el que cantará e coro de la Maîtrise Sainte Philomène de Haguenau. Un poco más lejos, el Mercadillo de la explanada de la Défense, en s 16ª eidición, con 350 casetas en pleno barrio de los negocios europeo; el Mercadillo del Trocadéro, que frente a la Torre Eiffel despliega una pista de patinaje, el abeto gigante, el jardín de las nieves y 120 expositores venidos de toda Europa. El Mercadillo de Montparnasse, en la plaza Raoul Dautry, mucho más modesto, pero muy colorista y famoso por las figuritas del Belén. O bien, el Mercadillo y poblado de Navidad en la plaza de Saint- Germain des Prés por el que se pasea el propio Papá Noël.

Los mercadillos se prodigan por todo el país, incluso en los pueblos más pequeños se pueden visitar casetas repletas de toda clase de artículos y curiosidades. Personalmente recomiendo aquellos pueblecitos medievales como Saint Cirq Lapopie, Conques, Yvoire, etc. 

Papá Noël recibe a los niños buenos

En Champagne-Ardenne, al norte de Francia, hay una gran mansión con una biblioteca repleta de libros con las historias preferidas de los duendes, es la casa de Papá Noël. Para visitarla hay que cumplir dos sencillos requisitos: haberse portado bien todo el año y hacer una reserva con anterioridad para que el gran Noël esté esperándonos con los brazos abiertos.  Allí hay plantas con gorro en el invernadero,  en medio de la casa está la sala de correos donde en estas fechas de final de año reina una gran agitación. Tras la cocina de Papá Noel, llena de instrumentos, de muebles y alimentos con formas y tamaños extraños, se visitan las habitaciones de los duendes, lugar donde descansan bajo espesos edredones.

La visita no ha terminado… A los duendes les encanta exponer sus máquinas misteriosas, sobre todo la que prepara caramelos en cualquier momento del día. Y, por una puerta secreta, los visitantes entran en los apartamentos de Papá Noel. Pueden sentarse cómodamente sobre unos cojines y escuchar tranquilamente al hombre de la barba blanca contar bonitas historias. El descubrimiento, con la compañía de duendes, de esta casa con decoraciones sorprendentes e insólitas, se desarrolla en medio de incesantes discusiones y carcajadas.  Papá Noel revelará a los niños tiernos secretos y promesas cuchicheadas...Un momento de gran felicidad.

Para terminar hay que visitar la Taberna de los duendes y tomar allí gofres con chocolate caliente, vasos de leche de nube con jarabe de flores, vino caliente con miel, limonada del duende Marcel o cualquier tipo de dulce, todo está delicioso y la entrada es gratuita.

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