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Los fantasmas de Malahide

 

PALOMA GIL

Irlanda es un país completamente ligado a la tradición celta y, como tal, a cientos de leyendas repletas de fantasmas, espíritus y otros mitos que evocan ciertos ecos de otros mundos. Dentro de este majestuoso paraíso esotérico, Dublín juega un papel muy importante, puesto que algunos de los grandes puntos mágicos se encuentran en sus alrededores, por ejemplo, el famosísimo castillo de Malahide, cuyos numerosos fantasmas son la comidilla de los alrededores.

Un castillo encantado

Dicen que Malahide es el castillo más viejo de Irlanda, no está encantado ni mucho menos, pero sí es del dominio popular que allí habitan inquilinos misteriosos. Las leyendas le atribuyen entre 5 y 7 fantasmas… aunque la realidad es que sólo hay uno. Como suena.

Para comprenderlo mejor hay que echar un breve vistazo a su historia. El castillo perteneció a los Talbot durante 800 años, hasta que en 1975 Rose Talbot tuvo que vendérselo al Consejo del Condado de Dublín para poder pagar los impuestos de sucesión… Hay normas que no hay quien las comprenda, pero el castillo pasó a manos del Estado.

La primera leyenda nos cuenta la historia de Walter Hussey, que murió el día su boda defendiendo a su prometida. Cuentan que fue herido con una lanza y cayó ipso facto. La afectada damisela no tardó en reemplazarlo, así que dicen que el caballero se pasea por las noches gimiendo y acechando a las jóvenes. No se sabe si en busca de consuelo o para encontrar una revancha a su afrenta.

También tenemos una joven dama que pasea por el castillo, traje de novia incluido, puesto que se trata de Maud Plunkett,a quien le canta Gerald Griffin en su balada “La novia de Malahide”. La hija del varón de Kilenn, se casó con el barón de Galtrim, Thomas Huseey, horas después de la ceremonia lo mataron en una escaramuza, lo que convirtió a la muchacha en “doncella, esposa y viuda” a la vez. Volvió a casarse, esta vez con Sir Richard Talbot y esta vez sí tuvo un hijo (razón por la que está enterrada en la abadía de Malahide). Y volvió a quedar viuda… intentó un nuevo matrimonio, con el barón John Cornwalsh, presidente del tribunal supremo del reino, pero su tercer marido también murió en seguida y volvió a enviudar… las crónicas cuentan que esa viuda negra ya se había convertido en una mujer gruñona y un tanto cascarrabias, por lo que su fantasma, se aparece tal y como estuvo durante su tercera boda, con el traje de novia y persigue a su marido por los pasillos del castillo. Lo curioso es que el fantasma de Cornwalsh también se aparece, pero busca a su esposa para hacer uso del matrimonio y calmar su mal genio… una vez cumplido, desaparecen los dos y hasta el día siguiente.

Más fantasmas que inquilinos

El cuarto puesto es para el fantasma de Miles Corbett, a quien Cromwell encargó el castillo durante su protectorado, pero durante la Restauración se devolvió el castillo a los Talbot y Miles, que debía de ser un pieza, entre otras muchas cosas, fue juzgado y condenado por sus numerosos crímenes. Entre sus hazañas se contaba la de haber profanado la capilla de la antigua abadía, por no mencionar que se había atrevido a firmar la sentencia de muerte del rey Carlos I. Obviamente su mala conciencia no le permitía dormir y cuentan las leyendas que durante su estancia en el castillo, pasaba las noches en vela, hasta que se le ocurrió la feliz idea de salir a montar su caballo gris, Pooka. Tanto es así que el antiguo camino conocido como  Back road, ahora se llama Ride Corbet´s.

Así que un 19 de abril, Corbet  fue ahorcado y despedazado… por lo que cuentan que se aparece como un soldado con armadura, pero cuando alguien se acerca a él, se divide en cuatro trozos y luego desaparece. Y por si fuera poco, cada 19 de abril, el caballero aparece, a lomos de su corcel, recorriendo el Ride Corbet´s… parece que en el otro mundo también hay insomnio. 

El quinto fantasma fue un pequeño bufón familiar, que vivió allí durante el siglo XVI. Por lo visto estaba encargado de dar la voz de alarma en caso de emergencia y vivía en una torre del castillo. El pobre se fue a enamorar  de una dama del rey a quien por cierto, detuvieron por rebelde. Y esa misma noche, encontraron a Puck, el bufón, apuñalado entre la nieve a las afueras del castillo. Moribundo, murmuró una maldición sobre Malahide, jurando que su espíritu permanecería entre esos muros hasta que  el rey se casara con una plebeya. Entre lo absurdo y lo inconsistente, se dice que el bufón apareció por última vez la noche en que se vendió el castillo. Se ve que el Gobierno no le fue simpático.  Aunque hay muchos que afirman que lo vieron e incluso que pudieron fotografiarlo mientras permaneció en Malahide.

Otro fantasma de la colección es la Dama de Blanco, de la que no hay un gran archivo de testimonios, pero sí se cuenta que en el Gran Salón del castillo hay una pintura de una hermosa dama con un vestido blanco. Nadie sabe exactamente ni quien es ni de dónde salió ni siquiera quién fue el pintor que la retrató, pero sí hay quien asegura haberla visto salir del cuadro y vagar por los pasillos en plena noche.

El fantasma por antonomasia

La realidad (o al menos lo que se cuenta) es un compendio de todas estas historias. Un paje, nombrado caballero fue encargado de la protección de la hija del conde Talbot. Ella, prometida a un hombre malvado, fue atacada una noche, en la que el caballero se encontraba ausente engañado por el  cruel futuro marido de la muchacha. A su regreso, fue prendido y acusado del ataque. A pesar de la declaración exculpatoria de ella, el caballero fue condenado a morir ahorcado. Ella se suicidó antes de que la obligaran a casarse con su infame prometido y, de nuevo, culpando al paje de tal situación, lo maldijeron a vagar por el castillo hasta que reparara su falta y le fuera concedido el perdón de la familia.

Desde entonces, Anthony, el caballero ahorcado injustamente, recorre afligido el castillo en soledad y se aparece en busca de ayuda y de perdón, para poder descansar en paz.  Son muchos los que aseguran que aún hoy, se le puede ver, oír y sentir, especialmente durante la noche, aunque también afirman que no provoca ninguna sensación de temor, sino más bien de nostalgia. Dicen que es un personaje entrañable al que todos los que trabajan en el castillo le han cogido cariño.

Es un lugar tremendamente esotérico y muy hermoso, así que los incrédulos pueden ir a visitarlo y si son decepcionados, al menos, visitarán el castillo medieval más antiguo de Irlanda.

Una maldición

Una curiosa historia es la de la Batalla de Boyne, sobre la que hay un cuadro muy ilustrativo que en el Gran Salón o al menos, lo había. Y es que al parecer catorce miembros de la familia Talbot, desayunaron juntos una mañana en el comedor del castillo, pero tras la contienda ninguno de ellos regresó con vida al anochecer. Se dice que la desgracia fue fruto de una maldición consecuencia de la desobediencia de uno de los Talbot. Este hombre soñó que una virgen se le aparecía y le mandaba construir una cámara votiva adornada con pilares de marfil, pero como el marfil era muy caro, el conde la construyó de madera de roble y pintó los pilares de blanco. “La santísima virgen nunca se dará cuenta de la diferencia” debió de pensar el tacaño conde y al parecer la virgen sí que se dio cuenta del engaño y desde entonces retiró su favor a la familia. Familia que cayó en desgracia.

Cómo ir

Para ir a Dublín, sin duda lo mejor, es por vía aérea.  El aeropuerto de Dublín está a 7 kilómetros del centro de la ciudad. Vuelan muchas compañías y, excepto la irlandesa,  muchas son de bajo coste, por lo que se recomienda la precaución.  No obstante, los vuelos son regulares y diarios.

Desde el aeropuerto se puede llegar al centro de Dublín en taxi por unos 35 euros si es de día; la tarifa nocturna es mucho más elevada. También se puede llegar en el autobús 747, que sale cada diez minutos de la parada 1 y llega hasta la estación central: Busaras.  El trayecto dura media hora y cuesta 6 euros por persona. Y, durante la noche, hay servicios de autobuses privados, que cobran 7 euros y salen cada 15 minutos.

 

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